Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


31 de diciembre de 2010

Os quiero, gracias por este 2010.

A ver, en primer lugar, y para no salirme de la costumbre, voy a empezar la entrada echando pestes de todo, así cuando llegue al final diciendo lo bien que huelen las flores todo parecerá más bonito y no destacará tanto la mierda que voy a soltar.
Lo primero, no soporto lo típico de año nuevo vida nueva. Es que no, no puedo con eso, lo siento. Me parecen personas ingenuas las que piensan que del 31 de diciembre al 1 de enero cambiarán sus vidas. Porque no van a cambiar, ni siquiera un poco. Sus vidas seguirán llenas de la misma mierda de hasta entonces, y eso no lo va a cambiar una cifra absurda.
Tampoco llevo con agrado lo de "hasta el año que viene", cuando el año que viene tan sólo son sin vernos un día, dos, o a mucho tres. Me pone susceptible la Navidad y todo esto, es verdad, pero hay cosas que me retuercen las entrañas y hacen que los ojos se me salgan de las órbitas, (vale, quizá tanto no, puede que sólo me moleste y nada más, pero es para darle un poco de humor a esto).
No me gustan, (ya que estamos por despotricar) las supersticiones, aunque no niego que lo haga, por si las moscas. Lo de "ponte ropa interior roja y tendrás un año lleno de amor", eso es mentira, y de las gordas, yo os doy un consejo, si queréis tener un año lleno de amor, (o de sexo, qué más da), no llevéis ropa interior, además es más cómodo. O el anillo en el fondo de la copa, o las 12 uvas, que bueno, están ricas las uvas, vamos a darle un pase, aunque para lo caras que están prefiero 12 gominolas, no voy a engañaros, y están más ricas. Y así podría tirarme líneas y líneas de supersticiones que en algún momento de la historia algún cachondo decidió proponer y tuvieron su aceptación, llegando ahora hasta nuestros días.
Y bueno, lo del materialismo y la hipocresía predominante en estas fechas me lo salto, porque como me de por ahí no paro.
Supongo que habréis sacado conclusiones, pero por si acaso andáis un poco perdidos os la digo yo: no me gusta la Navidad, ni cambiar de año, ni ninguna de esas cosas nombradas anteriormente, pero es lo que hay y quejándome no consigo nada, así que voy a hablar de algo bonito, aunque sea para cambiar un poco el rumbo de la entrada.
Este año en general ha estado bien, (qué digo, en general no, este año ha estado de puta madre). Se han ido, digamos, de mi vida ciertas personas (y estoy empezando por el principio) y con las cuáles ya he arreglado las cosas y me alegro bastante, gente de clase, me refiero, que muy probablemente ni lean esta entrada (o sí, espero). Y bueno, entrando en materia, he conocido a las personas que catalogaría ahora como parte de mi vida, como parte de mí misma, (al final me pongo hasta cursi, filosófica y todo eso, pero bueno está).  
Es como si fuese un puzzle y cada pieza fuera cada una de esas personas. O mucho mejor, como si fuese un castillo (puestos a decir) y de este castillo que soy yo las personas más importantes son mis cimientos, imprescindibles, los primeros, sosteniéndo el castillo entero, el punto de apoyo, todo. Luego, a medida que ascendemos pisos por el castillo (que recuerdo que soy yo) están las personas menos importantes, pero imprescindibles también al fin y al cabo. Quiero agradecer enormemente su apoyo, comprensión, ayuda, cariño, consejos, y una larga sucesión de cosas que me han aportado estas pequeñas piezas o ladrillos a lo largo de este año increíble, que me hacen ser como soy, con mis defectos y virtudes.
Me pondría a dar nombres propios, pero jamás acabaría. Diré algunos (sé que al final acabaré diciendo todos), como mi madre, que ha estado ahí siempre, le he dado disgustos más que alegrías, pero ella siempre a mi lado jodiéndome, gracias mamá, me has hecho más fuerte (es broma, en el fondo le tengo que querer, por muy idiota que sea la jodía). Y bueno, así por encima (refiriéndome a mi familia aún) nombraría a mi hermana y mi abuela; a mi hermana por hacerme fotos y decirme cómo le gustaba más que las retocara, y haberse chivado a mi madre de mis cosas, eres una hija de perra, pero eres mi hermana; y a mi abuela, por hacerme mis meriendas tan ricas y ser tan sumamente pesada cada mañana para que no pierda el maldito autobús de los cojones, para no hacer esperar a mis amigos en la puerta (y le doy la razón, pobrecitos ellos), dejarme las luces de casa encendidas, volver tarde, en definitiva, darme tanto el coñazo, gracias, hermana y abuela
Ahora paso a mis amigos, la parte más extensa, me pegaría horas hablando maravillas de ellos y agradeciéndoles tantas y tantas cosas que han hecho por mí. 
A mi novia, por entenderme siempre, por quererme, por brindarme su confianza.
A mi esposa, por su cariño incondicional y por preocuparse siempre y estar ahí.
A mi amante, por sus locuras, hacerme reír, por apoyarme en todo
A mi gemela, por quererme tanto, por animarme a seguir adelante.

¡que valéis oro, que lo tengáis muy claro!

A Ire, Irene, María Cruz, María Zamora, Patri Zurita, Andrea, Lucía, que con ellas he tenido mis más y mis menos, y ahora estaremos en decadencia (al menos con las últimas), pero no por eso voy a negar que en su momento fueron importantes para mí (y mucho) y me aportaron tantas alegrías y momentos de risas, y algún día me gustaría limar asperezas con ellas, porque es una situación incómoda, pero todo con el tiempo. 
A mi hermano, por llamarlo de alguna manera y que él sepa que me refiero a él, que está como una puta cabra, (porque he descubierto que no es un pato, ni grande ni pequeño, es una cabra) que tengo tantas cosas que decir de él que no sé por dónde empezar, que me ha ayudado (de forma indirecta, o no tan indirecta) muchas veces, me ha hecho miles de putadas, me ha hecho reír, llorar, me ha abierto los ojos, me ha hecho madurar, me ha hecho ver las cosas de forma distinta a como las veía antes, ni él mismo se lo imagina, pero algún día se dará cuenta, en definitiva le quiero
A mi melli, por todo, por la confianza en él, por sus abrazos.  
A Rubén, Cristian, Samu, Juanky, Alex, Guille, Sergio, Tony, Borja, Victor, Dani, que son una pasada todos ellos, unos cachos de panes, que los quiero mucho a mí manera, que son geniales a fin de cuentas y que gracias por todo lo que me han aportado, que no es poco.
Luego está mi gente de clase, Salomé, Cristina, Belén León, Mary, Virginia, Sandra, Espe, Sara, (...) porque si me habéis visto mal no habéis dudado en intentar ayudarme y sacarme una sonrisa, y eso se agradece. 
Y tampoco me olvido de Rosana y nuestras clases de Latín o algún que otro recreo, con nuestras risas, nuestras paridas
O Manu y nuestras frías caminatas desde el parque al instituto, con nuestras tonterías y nuestras conversaciones sobre cualquier estupidez. 
O de Sergio, o Alberto, o Miguelín, o Miguel, que siempre me hacían reír y olvidarme de mis problemas
Y volviendo a mi gente (la que no es de clase) no voy a permitirme olvidarme de Alexis, y todas las cosas vividas con él en este año, la confianza, sus tonterías
Ni Cano, que es un encanto de muchacho y aunque no te des cuenta está ahí para interesarte por ti a la mínima que ve que algo va mal. 
Ni de Rosi, y nuestra complicidad este verano. 
Ni de Joselu, que por desgracia ahora vive en Sevilla, pero lo cual no quita los buenos momentos y lo que me ha ayudado en algunos temas (tú sabes a qué me refiero). 
Mogollón de personas que han pasado este año por mi vida y dejado su huella, una huella imborrable. 
Lamin, Patri, Nano, Carra, Agapito, Agu, Joseka, Oscar, Eu, todos sois geniales.
Y bueno, menos mal que no iba a nombrar a nadie, si se me olvida alguien lo siento en el alma, he intentado nombrar a la gente más importante. Y eso, que gracias a todos ellos y que espero que este año que viene, el 2011, sigan a mi lado en mayor o menor medida, que me tienen a su disposición para cualquier problema, que de mi enorme tesoro cada uno de ellos es una monedita de oro, y blablabla, que gracias por pasar por mi vida y haber dejado vuestra huella, que espero que no se borre nunca. En fin, un año que se acaba y pasa a ocupar su espacio en nuestra memoria. Mi mayor miedo podría haber sido no haberos conocido nunca, pero como cosas buenas de este año podría nombrar la principal que eso no haya ocurrido.

¡Feliz año 2011 a todos!

23 de diciembre de 2010

Puaj.

Al final mi madre no ha dado de baja Internet, ni lo dará, aunque en el fondo ya sabía que no lo haría. Si os soy sincera todos estos días me he estado conectando pero no he actualizado porque o no tenía nada que escribir o directamente no me apetecía contarlo. Por fin hoy me he animado a resumir estas dos últimas semanas.
Recuperé historia, pero no física y química. Aunque tampoco importa mucho.
A parte de eso, en estas semanas atrás no han pasado muchas cosas. O quizá han pasado tantas que quiero pensar que nada me importa. ¡Qué estupidez! Todo esto es una estupidez. Querer salir a la calle para gritar que todo es una mierda y que se entere la gente de una vez por todas. Que sí, que tiene razón aquella frase que decía: "la vida es una enfermedad mortal de transmisión sexual", exacto, una enfermedad. Una enfermedad que te hace sufrir y las alegrías se cuentan con los dedos de una mano, ¿y para qué? si todos vamos a morirnos tarde o temprano y no habrá nada que haya merecido la pena.
Pero bueno, que me desvío del tema, voy a centrarme en hablar en primer lugar de hace dos semanas exactas, empezaré por el principio. 
Salí feliz, estuve así como dos horas, y acabé rayándome hasta que me fui a casa más temprano de lo normal. El móvil se me quedó sin batería y entre que no me importaba, y no encontraba el cargador he estado incomunicada eso, dos semanas. Encontré el cargador antes de ayer, encendí el móvil y lo normal, algún que otro mensaje de alguna persona importante y llamadas perdidas, esta noche llamaré a algunas de ellas, porque para colmo no tenía ni saldo. En fin, tanta indiferencia va a sentarme realmente mal.
Quitando mi malhumor y mi indiferencia en este tiempo no me ha pasado nada destacable, excepto ayer, que ya contaré más detalladamente si me apetece.
He de decir que siento una mezcla de odio hacia todo, así porque sí, sin motivo, es difícil de tragar todo esto, de veras, no soy capaz.
Tengo miedo, por una vez que creía que las cosas me podían salir bien aparece alguien que las jode, que me viene con sus paranoias (como si no tuviera suficiente con las mías), y me come el tarro, que joder, sé perfectamente lo que hago, lo que tengo que hacer, lo que quiero hacer y lo que no quiero y estoy realmente harta de que la gente se meta en mi vida.
Y no sé, que necesito desahogarme, porque me estoy ahogando muy de verdad, es como si me ahogara en falsedad, exactamente eso. Estoy pensando en volver a dar de alta el Tuenti, en el fondo no quiero, pero empieza a hacerse necesario, de todos modos de vez en cuando me meto en mi otro Tuenti, el que nunca llegué a dar de baja: Ana Bonch. No sé cómo lo tengo configurado, pero si quieren pueden intentar mandarme un mensaje privado.
Más o menos ya les he hablado de las cosas banales, no sé si empezar a hablar de ayer, que remedio, en el fondo me apetece escribirlo porque temo que si no lo hago se me pueda olvidar, y no quiero. Ayer me sentí feliz después de mucho tiempo y al mismo tiempo una hija de puta, y una cabrona, y odie todo y amé a gente a la que hacía tiempo que no amaba, y me di cuenta de cosas que me ponen triste y feliz, y ahora puede que esté más triste que feliz pero lo que pasó ayer sólo lo cambiaría por una cosa, y ni eso, cuántas tonterías digo. Pero bueno es mi blog y pongo lo que me da la gana.
Me siento mal porque ayer me di cuenta de que juzgué mal a alguien que no conocía lo suficiente. En el fondo no creo que la haya juzgado mal, tendría que haberla juzgado peor porque no me creo nada y realmente tendría que haberle dejado menos dudas, pero hay algo que no quiero que haya, hay algo que me atrae y me distancia al mismo tiempo. Hay algo que me da asco. Mucho asco. Creo que es gilipollas. O que yo soy gilipollas y por eso pienso que los demás son gilipollas, que es más probable. Sea lo que sea él es gilipollas, o eso pienso, aunque me equivoque. Algo de él me llama la atención, me hace "tilín" pero no le hago mucho caso a ese "tilín", porque soy tan (no sé qué palabra utilizar) que me puede hacer "tilín" hasta el ser más superficial del mundo, no sería la primera vez. No sé si me estoy desahogando o estoy plasmando en el blog toda la mierda que me inunda, que es lo mismo, pero acho, yo qué sé, que sigo, que eso... que es un gilipollas y yo también y mi objetivo es uno que no es él. O objetivos. Bah, qué más da, mataría a alguien. No me tomen en serio pero mataría a alguien ahora mismo. Necesito un psicólogo. Le necesito a él. O quizá no. No os estaréis enterando de nada pero digamos que son tres tíos y a dos de los cuales los mataría ahora mismo si pudiera. O al menos a uno, o puede que a ninguno. O a los tres, sería lo mejor. Pero como no voy a matar a nadie porque en los reformatorios no hay Internet tendré que seguir diciendo aquí lo mucho que odio a la gente y lo mucho que odio todo, lo descontenta que estoy con mi actitud, con mi comportamiento, con mi indiferencia y con mi ahWPFJWP de amarle y que puaj.
Creo que mejor que no me entiendan, aunque no creo que sean capaces ni intentándolo. Pero eso, no lo intenten, se lo aconsejo. Hace tiempo que nada es lo mismo y que no sé nada.

28 de noviembre de 2010

Cosas importantes y no tan importantes.

Ya es domingo, que fin de semana tan raro.
Castigada sin salir, pero sin haber pisado la casa prácticamente.
Días en los que la gente que realmente está ahí se hace notar más que nunca.
Ya me han dado las notas, aún no se las he enseñado a mi madre, se las daré el martes, que es cuando tiene la reunión y tiene que saberlas sí o sí. No me apetecía en absoluto quedarme sin Internet este fin de semana. Creo que mi madre va a decepcionarse bastante con los resultados, pero durante toda la evaluación he ido previniéndola de lo que podía encontrarse, porque este curso me está costando más que nunca. No me entra nada en la cabeza, la tengo saturada con chorradas que no me llevan a ningún sitio y mi capacidad de concentración es nula, como en clase, me entra sueño y no soy capaz de enterarme de nada. Y aparte de eso estoy borde, irascible, esquivo el posible contacto con la mayoría de personas. En fin.
El miércoles tengo el exámen de recuperación de historia. Que me tiene frita, por cierto. Me entero del transcurso de los hechos y todas esas mierdas, pero me resulta casi imposible memorizar y relacionar las fechas, son demasiadas, me saturo, no soy capaz. Espero aprobar. Me niego a ir en Junio a las recuperaciones, ni muerta.
Probablemente ahora ya ni actualice la mayoría de fines de semana, mi madre dará de baja Internet en casa en cuento le lleguen a sus manos mis mediocres notas, una putada, pero es lo que hay. Sobreviviré.

25 de noviembre de 2010

Ya no son sólo palabras.

Hoy sin saber cómo ni por qué me acordé de ti.
Y busqué en mi libretita, esa de hojas gruesas y portada de plástico transparente, con los dos elásticos grises a los lados a modo de cierre, algún indicio tuyo de vida.

¿Sabes una cosa? No sé si me alegró no encontrar nada en las últimas semanas, o me entristeció por el hecho de que esté consiguiendo olvidarte, y en el fondo no quiera, por ninguna cosa del mundo.

O puede que sí.

Ni lo bueno es tan bueno, 
ni lo malo lo peor.

21 de noviembre de 2010

Esto es todo.

No sé por donde empezar, hace un momento se me pasaban un montón de cosas por la mente, y ahora, que me dispongo a ponerlas aquí y a aclarar varios asuntos es como si mi cabeza se hubiera quedado desértica y todo lo que hace unos pocos minutos me perturbaba hubiera desaparecido a una velocidad pasmosa.

En primer lugar diré que estoy satisfecha conmigo misma. No orgullosa de todo en general pero sí de algunos aspectos. Tampoco me siento demasiado mal por nada. No es que sea raro, es una sensación un poco distinta, eso sí, pero no me preocupa.

Comenzaré diciendo que hace un par de días que he dado de baja mi Tuenti. A partir de ahora estaré en contacto por medio de mi teléfono fijo/móvil o gracias a mi correo electrónico, que sólo me permiten revisar los fines de semana salvo excepciones. También tengo que añadir que nadie me obligó a dar de baja dicha red social, pero que gracias a esto ahora me siento menos estresada, y en ningún momento he sentido la tentación de darla de alta, aunque no descarto que lo haga tarde o temprano. En fin, ahora está bien así y así se va a quedar una temporada considerable. 

Como es lógico, haré un esfuerzo para actualizar aquí más a menudo, pese a que los días de diario tenga restringido el acceso a Internet debido a esos dos, o incluso tres suspensos que se me vienen encima. Es ese un motivo por el que no pueda actualizar esto con tanta frecuencia ni abrir mi correo electrónico tanto como me gustaría, y quizá también el motivo principal por el que haya dado de baja mi Tuenti. 

Volviendo a los estudios la verdad es que esta evaluación me la he tomado un poco sabática, pero pienso poner todo mi empeño y esforzarme mucho en la segunda para aprobar con buena nota todas las asignaturas, hasta las que me vayan a quedar o se me den peor, que no son muchas.

Otra cosas de las que me apetecía hablar hoy aquí es de él, que bueno, llevo mucho tiempo sin tocar el tema y de vez en cuando no está mal replanteárselo. He de decir que ha pasado a un segundo plano, puede que incluso tercero. No digo que ya no visite su perfil del Tuenti, que ahora que lo pienso básicamente no lo hago porque ya no puedo. Pero ya no tengo esa obsesión enfermiza por todo lo que le rodea. Nada de eso, de vez en cuando me da por leer mensajes antiguos, pero sólo por leer su nombre, que me gusta. También sigo teniendo esa angustiosa sensación de tenerle cerca por su olor, cuando en realidad hace días que no sé nada de él. Pero eso es algo de lo que me he concienciado que tardará mucho en cambiar, y ya no me quita el sueño. Ahora, es como si dejara que pasara un poco el tiempo, y he llegado a la conclusión de que en esta vida no recibimos ni recompensas ni castigos, simplemente hay unas consecuencias que pueden ser buenas o malas.

Centrándome en el día de hoy estoy bien anímicamente. Me he levantado a eso de las diez y media y no tenía hambre, así que no he desayunado, he cogido algunos libros y me he ido al salón a estudiar, olvidándome de todo por completo. Creo que si todo el tiempo que me pasaba en el ordenador lo invierto en estudiar me va a ir increíblemente bien, estoy orgullosa de esto.

Y bueno, para acabar, voy a hablar de algo de lo que no pensaba hablar, pero que lo veo en parte necesario. Ella, que cada vez me demuestra más todo lo que vale, que no es poco, y me siento enormemente feliz de que hayamos aclarado algunas cosas y saber que sigo contando con ella, que en realidad nunca lo dudé del todo, pero hay cosas que quieras que no hacen daño. Y aunque quiera dar la impresión de que no, de que soy una piedra, en este caso, las piedras también lloran.

Sin más me despido, puede que esta noche escriba algo más si hago algo interesante por la tarde, que me gustaría, para desconectar. También añado que puede que el blog tome un rumbo un poco más personal tipo diario, pero bueno, no me preocupa que la gente siga leyéndolo, sigue siendo lo que pienso y cómo me siento, y si a alguien sigue importándole o es lo suficiente cotilla como para seguir pasándose por aquí, que sepa, que siempre va a ser bienvenido. Un saludo.

14 de noviembre de 2010

Empatía, por favor.

Me revienta las entrañas pensar que creéis saber algo de toda esta puta mierda. 
Que deis por sentado las cosas cuando ni siquiera os habéis molestado en preguntar, cuando os la sopla, pero claro, es tan fácil hablar… 
Cuanto más estrecha tenéis la mente más ancha tenéis la boca. 
Porque de verdad os lo digo, no os hacéis ni una pequeñísima idea de la milésima parte de toda esta historia. 
De todo lo que me trago, de todo lo que sufro, de toda la rabia que sigo escupiendo o arrojando a mi interior para que me vengáis con estupideces como esta. 
Que ya no somos críos ostias. Que no podéis juzgar así como así. 
Sin ponerse en el lugar del otro y preguntarse: “por qué”. 
Porque no. Porque no es justo.

Porque no entendéis nada ni lo vais a entender jamás.

9 de noviembre de 2010

Inclemencias.

Las lluvias torrenciales mezcladas con ácido comenzaban a causar estragos en mi mente, inundaban y se llevaban todo hasta los más recónditos e inciertos rincones, dejándo un ambiente desolador. Los vientos azotaban las ideas y los escurridizos pensamientos intentaban esconderse, resguardándose bajo las fachadas de los grandes edificios que yo misma había construido, bajo mis principios. Los volcanes comenzaban a entrar en erupción amenazando con convertirlo todo en cenizas casi al mismo tiempo en que los tsunamis arrancaban y se llevaban tras ellos cualquier cosa que encontraban a su paso. Los huracanes iban y venían haciendo remolinos y mezclándolo todo, como si de una gigantesca licuadora se tratase.
Y ahora, ahora vienen los terremotos.

8 de noviembre de 2010

Oh, oh, hay un problema.

Y te explico cuál es: mi corazón va en serio. 

Bueno, realmente ese no es el problema, ni siquiera sé si es ése concretamente un problema, o si en cambio tú eres el problema. Porque mi corazón quiere una cosa, y como no podía ser de otra manera mi cabeza quiere otra. Y para colmo mi corazón se encuentra en, llamémoslo proceso de desentendimiento de todo, mientras lo concreta todo en ti.

Que joder, me sorprende lo a pecho que se tomó mi mente, aquella vez hace no mucho que dije, que quería las cosas cambiaran. Mira si han cambiado, tanto que tengo miedo dejar atrás mi pasado, junto a mis recuerdos y a mis sentimientos en trance, en coma, casi en estado vegetal. Porque no estoy segura si quiero un cambio, ahora que lo tengo en mis narices, que puedo casi palparlo, no sé si sabré tenerlo en cuenta sin arrepentirme después. No quiero tener que aceptarlo para dar luego marcha atrás destrozándolo absolutamente todo tras mi paso. 

Quiero estar realmente segura, si doy este paso, que sea tanto bueno para mí como para las personas a las que le influya, que no tendría porqué influir a nadie, pero influye. 

Todo está conectado. 

Un paso en falso y puedo tener ante mí la cagada universal. O un paso en condiciones y las sombras y los miedos, y la tristeza y la nostalgia desaparecerán. 

Ya veis, es sólo un paso, pero hay tanto en juego...

Y paso de hablar de mí para hablar de ti, porque sinceramente yo me importo una grandísima mierda comparado con lo que me importas tú, y bajo ningún concepto podría permitirme hacerte daño.

Entonces vuelvo a tirar el dado, y sale cruz, y cruz, y cruz, y entonces sale cara y sonrío. Pero pienso en ese cambio y me perturbo. Y sólo pienso en que quiero volver a verte, olerte, tocarte, besarte. Con el jodido cambio rondándome la mente. Pero ya lo dicen, cambiar es progresar.

¿Será esto un progreso?

5 de noviembre de 2010

Ignorantes.

La gente aún tiene el valor de decir que no la cago constantemente, no, no es eso. Que va. Es lo siguiente, una cagada tras otra.
Ya no es que bueno, que en algún que otro momento haga algo mal. Ahora he pasado a meter la pata cada cinco míseros minutos y a pedir perdón, con suerte, y si me importa esa persona, al poco tiempo.
Esto no puede seguir así, no sé la de miles de veces que habré dicho ya esto y me voy hundiendo entre mis cenizas, de los recuerdos que quemé y de los que aún quedan restos en cada poro de mi piel.
Parece que soy una puta emo, todo el día amargada.
O le estoy dando importancia a estupideces y rallándome por todo o me paso todo el día hecho un ovillo en mi cama, apretando con fuerza los párpados y la mandíbula y torturando mis tímpanos con la música a un volumen considerablemente elevado. Eso si no me da por escribir hojas y hojas con mis tormentos, muchos de los cuales ni se me pasan por la cabeza de publicar aquí, por eso tengo esto un poco más abandonado, porque al tener mi diario me desahogo del mismo modo y de forma menos pública que esta. 
Pues eso, que como iba diciendo no sabéis nada de lo que me pasa y pretendéis ayudarme, pensando que lo entendéis todo. Inyectaros un poco de empatía en vena y ya luego si eso hablamos. Que si os cuento mis problemas no es para que vosotros me contéis los vuestros y acabemos haber quién tiene peores problemas, porque eso no es comprender, eso es entorpecer. Si me queréis ayudar a algo que no sabéis ni lo que es, empezando por ahí, limitaros a escucharme, aunque dudo que lo entendáis nunca.

Cambiando de tema, acabo de darme cuenta que mi mayor momento de felicidad se centra en cada mañana, cuando cojo el autobús para irme al instituto a las 7:30 a. m. y durante el trayecto me pongo a escuchar música, con mi pequeño diario sobre mis piernas y un bolígrafo que siempre llevo encima, y una vez así, dejo que mi mente junto con su estampida de ideas y pensamientos fluyan y se escurran entre mis dedos plasmándose en forma de tinta negra sobre papel. Con mi mirada perdida entre las imágenes borrosas que aparecen y desaparecen por el cristal y mis pies apoyados en el asiento de delante. Ahí, justo en ese momento, me siento libre, insmensamente feliz.
Es realmente gratificante. Sentir cómo un papel en blanco y un bolígrafo te entienden y ayudan más que un puñado de ignorantes preguntones que sólo consiguen enfadarte. ¡Qué sabrán ellos!
Por eso, me gustaría pasarme una larga temporada en mi escafandra interna, en mi propia e individual, incomprensible paz interior.
En mi mundo, en mi mente. 
Perderme ahí hasta...
Hasta que vuelvas.
Ya ves lo ilusa que soy, sigo pensando que eso pueda llegar a pasar.

29 de octubre de 2010

Perspectivas.

Estoy intentado buscarle un nuevo sentido a mi vida.
No sé cómo conseguirlo, ni qué hacer, ni en el caso de que definitivamente decida cambiar de camino, ¿hacia dónde dirigiré mi rumbo?
Tú siempre habías sido mi estrella, mi foco, algo que me iluminaba y conducía por los senderos llanos y sin piedras, donde la hierba no era muy alta y se oían a los pájaros cantar dulcemente.
Pero desde que no veo tu luz parece que voy mal encaminada. 
Estoy dando tumbos, no encuentro ninguna meta ni destino. 
No logró la motivación necesaria para avanzar. No te veo brillar.
Mi camino ahora es pedregoso y las espigas me llegan a la altura de mis rodillas, me cuesta gran esfuerzo avanzar y no sé ni a donde me dirijo. Los relámpagos me atormentan y las nubes negras me sumergen en una oscuridad que me adormece, que me quita el ánimo.
No quería decirlo, pero creo que estoy perdida. 
Sí, me encuentro realmente perdida sin ti.
Necesito que te enciendas y brilles con todo tu esplendor, que me guíes, o que aunque no me digas lo que debo hacer, (porque nunca lo has hecho), al menos que sí me digas qué no debo hacer, y todo será más sencillo. Yo, a cambio, podría hacer muchas cosas por ti.
Tan sólo tienes que prometerme:
Que no me soltarás de la mano.
Que no te apagarás.
Que no te irás.
A partir de hoy decido cambiar mi vida.
Me replantearé seriamente lo que quiero.
Si es o no estabilidad, y cómo conseguirla.
O si en realidad, lo que me hace falta,
es seguir en pause o en to be continued.

28 de octubre de 2010

Sueños que se evaporaron.

Me encontraba en una casa de campo típica de las películas americanas rodadas en Texas o en algún sitio similar. Su aspecto exterior era aparentemente el de una casa abandonada, con sus paredes cubiertas de moho en la pared que daba al norte y enredaderas espinosas en la sur, tenía el tejado torcido y goteras debido al temporal probablemente.
Dentro de la casa no había nada fuera de lo común. 
Había una cocina, un aseo, un salón y una destartalada escalera conducía al piso de arriba, pero no me encontraba con ánimo de aventurarme hacia la planta superior. Preferí quedarme abajo, curioseando en los cajones de un extraño recibidor de madera de cerezo en el que sólo encontré papeles arrugados e ilegibles, mecheros gastados y llaves oxidadas.
Había polvo por todos lados y en alguna que otra ocasión habría jurado que se oían a las ratas murmurar por debajo del suelo de parqué arañado. 
Me asomé a una ventana que encontré de camino hacia el salón, y me quedé maravillada. Fuera había un pequeño sendero que conducía lejos de la casa formando un laberinto entre los rastrojos, a los lados del camino había césped en abundancia y muchas vacas, también pude ver varios conejos y un gato negro al que seguían otros más pequeños y de color blanco, sonreí al ver la escena, por último árboles de gran altura se veían dispersos alejados de la casa.
Suspiré y se empañó el cristal de la ventana. Me quedé quieta e inmóvil y con la mirada perdida mientras poco a poco él se iba haciendo un hueco entre mis inocentes pensamientos. De pronto alguien abrió bruscamente la puerta con un chirrido y me quedé atónita. 
No podía ser él, pero lo era.
Estaba fatigado, como si llevara horas y horas caminando entre zarzas. Sus ojeras estaban muy marcadas, por lo que adiviné que llevaba mucho tiempo sin dormir. Tenía la camisa desgarrada y echa jirones y los pantalones arremangados hasta las rodillas. Llevaba unas alpargatas ennegrecidas por el barro. Sus manos y su pelo también estaban sucios, pero aún así seguía encantándome.
Mientras yo le analizaba de arriba a abajo él estaba mudo y me miraba completamente serio, clavó sus ojos en los míos y yo me quedé quieta mirándole también, absorta, esperando una reacción, una explicación, cualquier cosa.
En ese momento me quedé en blanco y un millón de dudas asaltaron mi mente, no sabía qué hacía yo en esa casa, si había alguien más allí, quizás observándonos, si estaba en peligro, no sabía qué hacía él allí, ni por qué había venido hasta mí, no sabía nada.
Después de esa avalancha de preguntas recapacité, volví a mirarle fijamente, entonces me di cuenta de que le  temblaba el labio inferior. Estaba aparentemente nervioso y sus ojos relampagueaban vidriosos, había en ellos un resquicio de dolor que no pasó desapercibido.
Sentí unas ganas inmensas de abrazarle y besarle de arriba abajo, de susurrarle que no pasaba nada, que le quería con toda mi alma, que jamás iba a guardarle rencor y que siempre le iba a esperar, pero no lo hice y me mantuve cautelosa, quizá incluso él fuese un espejismo provocado por la demencia de mi locura.
Al fin él dio un paso hacia mí, un temor me inundó, todo era demasiado irreal, no podía ser verdad, sentí ganas de retroceder y salir huyendo pero era como si mis pies se hubieran anclado al suelo, dio un paso más y cogió mi mano izquierda con delicadeza.
Todavía no me había dicho una sola palabra pero casi podía entenderlo todo a la perfección, su aparición allí, de repente, le daba a todo sentido y se lo quitaba al mismo tiempo.
Era paranoico.
Una vez me hubo cogido la mano me acarició cada uno de mis dedos con los suyos apretándolos con fuerza, transmitiéndome y haciendo circular entre nosotros una electricidad que no tenía nada que envidiarle a la que circulaba entre los tendidos eléctricos de alrededor.
Entonces tiró de mi mano, queriendo sacarme fuera de la casa, y yo me dejé llevar junto a él. Le agarré con fuerza la mano y salimos, respiré hondo y una gran tristeza me invadió, no sabía por qué, pero me sentía inmensamente triste. Mi corazón palpitaba con una frecuencia alamante, parecía que hiperventilaba.
Caminamos entre la espesura de la hierba y llegamos al sendero que formaba el laberinto muy, muy lejos de la casa, hasta el punto de que ya no se veía con la maleza, ni tampoco los árboles ni mucho menos las vacas. Sólo se veía una gran explanada llana con hierba seca. El cielo estaba despejado, sólo había alguna que otra nube blanca danzando ligera de aquí para allá, mientras el sol iluminaba todo, no llevaba reloj pero me imaginaba que sería cerca de mediodía.
Él continuaba avanzando, de vez en cuando me miraba o me apretaba la mano con fuerza, y yo me seguía hundiendo en una tristeza nostálgica, su mirada continuaba vidriosa y su rostro no mostraba emoción alguna, sólo tiraba de mi mano hacia él hasta que nos hubimos alejado mucho, podíamos haber caminado fácilmente una media hora entre las espigas.
Mientras tanto los dos seguíamos sin mencionar una sola palabra.
Al cabo de un rato se paró en seco frente a mí, con esa mirada rota que había llevado todo el trayecto, yo me quedé mirándole mientras se me iba haciendo añicos el alma de tanto quererle, me entraron unas ganas inmensas de llorar, de estas que no se te quitan ni comiendo mucho chocolate, moría lentamente de amor cuando estaba con él.
Se acercó y me rodeó la cintura con sus brazos, inclinando su cabeza hacia la mía, colocando su boca a la altura de mis labios, apretados. Entreabrí ligeramente la boca, como para decir algo, en una especie de suspiro ahogado que se quedó a medias, pero me callé. 
Mis esquemas se desmoronaban y se estrellaban contra sus manos al tocarme como sólo él sabía hacerlo. Entonces comenzó a acercar su boca a la mía, hasta que sólo unos pocos milímetros las separaban. En ese momento podía sentir su respiración, cómo el aire que salía de su boca llegaba a la mía y parecía que podía saborear su irresistible olor entre el que miles de veces me había despertado entre legañas y bostezos. Pasaron segundos que se me hicieron eternos, con su mirada ahogándose en mis pupilas, como el tiempo que transcurre frenético hasta que se llega al orgasmo, y me besó suavemente, acariciando mis labios con los suyos, haciéndome llegar entonces al éxtasis de mis sentidos, a mi pequeño orgasmo
Se separó un poco para volverme a mirar fijamente a los ojos, ya no le brillaban como antes, con ese atisbo de tristeza en sus negras pupilas; ahora sonreía pícaramente. Se aproximó y me mordió el labio inferior con esa expresión traviesa que me vuelve tan loca, y comencé a notar cómo me derretía por dentro con cada uno de sus besos, con el jugueteo de su lengua y la mía, dos bocas que se buscaban casi con furia. Fue entonces cuando el miedo se hizo cargo de mí, volviéndome pequeñita y vulnerable. Miedo a que se vaya y no haya llegado a entender lo mucho que le necesito. A que se de cuenta de que no es lo mejor para mí, pero que ni mucho menos lo soy yo para él. Porque sólo soy lo que ve, no hay más, en definitiva:
Sé que no lograré jamás estar a la altura.

24 de octubre de 2010

Contaré hasta diez.

Estoy a punto de estallar, de llegar al punto no retorno, de tirarlo todo por la borda.
Estoy a punto de arrepentirme, de odiarte, de decir que nunca más.
Estoy a punto de largarme para siempre, de borrar tus sonrisas.
Ya no quiero abrazos ni palabras que se oxidan con el tiempo.
Ni días amarillos en los que brille el sol y no pueda verte.
Cansada de darle a los días negros colores bonitos.
Y que acaben descoloridos por la pinturas baratas. 
Inundando las calles, hasta las alcantarillas.
Llegando a las ratas.
Estás jugando con fuego y ya me huele a quemado.

22 de octubre de 2010

Así llevas las de perder.

¿Vuelves a las andadas? Parece que sí.
¿Quieres volver a salir huyendo como un perro con el rabo entre las patas?
Oh, que gracia me haces.
Te diré una cosa, podemos apostar, ¡venga, apostemos! Lo que quieras.
Yo conozco tu punto débil, acertaría en la diana hasta con los ojos cerrados.
Y tú, tú no sabes ni de lo que soy capaz.
Eres libre de seguir el juego, las reglas están puestas.
Estoy dispuesta a hundirte.

18 de octubre de 2010

Te sugiero que me compliques la vida.

Nada de eso me sirve, ni tan siquiera tú.

El camino fácil es el que escogería cualquier idiota con baja autoestima.

Yo quiero lo difícil.

Que no quiere decir que sea inteligente y mi amor propio roce las nubes.

Más bien me considero muy idiota, una idiota demasiado cabezona.

Me vuelvo demasiado inconformista por momentos.

12 de octubre de 2010

Dos colores, dos olores y un poco de calor.

Esto es flipante, con todas las letras y todos sus sinónimos.

FLIPANTE.

Me siento como en una nube de algodón dulce.

No puedes olvidar a alguien en cinco segundos.
Ni querer a alguien que acabas de conocer.
Ni sentirte tan feliz al lado suya.

O... tal vez sí, el mundo no se hizo para mí.

¡Me sorprendo de lo estúpida que puedo llegar a ser!

Tu sonrisa es mi sonrisa.

Todos estos días sin actualizar se han debido a que me sentía, digamos, mediocremente bien, muy bien, puede que a ratos incluso demasiado bien.

Pero no, parece que algo vuelve a fallar, esa espinita clavada sangrante, que creía arrancada y cicatrizada a base de betadine y muchas sonrisas dibujadas un trocitos arrugados de papel, vuelve a sangrar, produciendo dolor en cantidades industriales.

Demasiado dolor de golpe,
sin presentirlo,
sin esperarlo, 
sin buscarlo, 
sin comerlo,
sin beberlo,
sin quererlo.

Dolor que viene de la nada y ¡BOOM! da en la diana.

No sé por qué duele, la verdad, pero mi corazón parece estar siendo aplastado por una apisonadora que avanza sin rodeos y se me está encharcando el estómago.
No soy capaz digerirlo, se me atasca en un punto muerto que ni sube ni baja.
Tengo ganas de vomitarlo todo, odio, mierda, sangre, vomitar este dolor.
De quedarme sin nada aunque fuese lo que siempre he estado buscando.

Tengo ganas de llorar, las lágrimas se van acumulando en mis ojos y parecen esperar su turno para dejarse caer silenciosamente, rodando por mis mejillas, hasta que llegan a mis labios y saboreo el dolor con todas sus saladas consecuencias. 

Me gusta como saben las lágrimas, pero no como sabe el dolor.

Un dolor con nombre y apellidos, pese a que no esté segura de nada.

Sólo que arda o hiele siempre quema.

Me atrevería a confesarte, (y de eso estoy un poco más segura), que te echo de menos, y que si ahora me demostraras de algún modo que te preocupas por mí aunque fuese mínimamente, lloraría menos, o quizás lo mismo, pero el dolor se reduciría considerablemente hasta llegar a la mitad y dejaría de escocer.

Si vinieras con tu brillante sonrisa y me dieras un asfixiante abrazo, entonces si que lloraría, me caerían lágrimas como puños, a chorros, me inundaría por dentro de cosas indescriptibles, pero te aseguro una cosa, estaría sonriendo y me sentiría bien, demasiado bien como para decir que esas lágrimas que me caen ahora son de dolor, no, es imposible que sean de dolor teniéndote a ti ahí, abrazándome y sonriéndome, como si nada importase, como si el pasado y el futuro perdiesen importancia en ese momento y quisiera darlo todo para que nunca te marcharas de mi lado, que fueras una luz, incluso de bajo consumo, no importa, pero que me iluminase siempre, que tu sonrisa estuviera siempre a mi disposición para alimentar de ella mis alegrías, una sonrisa que nunca se gastara ni borrara, y que tus brazos no se cansaran de abrazarme, y tu boca de decirme que nunca estaré sola, pese a que sepa de más y de sobra que es mentira y que te irás, porque siempre te vas, aunque hagas creer que no, será por eso por lo que siempre duele tanto.

Como si fueras una medicación con terribles efectos secundarios, con horrendas contraindicaciones, de estas de las que no se pueden abusar porque te hacen tanto bien que tu cuerpo crea una especie de dependencia invisible de la que sólo te das cuenta cuando la medicación en cuestión deja de estar al alcance de tus manos y ya no hay nada que pueda aliviarte, ni tan siquiera grandes dosis de metadona.

Pero lo necesito para (¡UF!) echarlo todo fuera.


No te haces ni una idea de cuánto te necesito
Justamente ahora, ahora y para siempre. 


P.D.: Y al final siempre acabo hablando de ti en cada entrada y es algo que odio.

4 de octubre de 2010

Vacío.

Soledad. Miedos. Inseguridades. Impotencia. 
Quiero y no puedo. No puedo y quiero.

 ¿Plantarle frente, luchar por lo que quieres? 
¿Huir, salir corriendo?

3 de octubre de 2010

Todo es una mierda.

Me estoy hundiendo en mi propia mierda, en mi propio odio
Me consumo como esos estúpidos palitos de incienso que se van haciendo ceniza conforme se van quemando, al mismo tiempo que dejan un aroma relajante, con la diferencia de que yo, me voy consumiendo lentamente y haciéndome cenizas, pero no dejo tras mi paso nada agradable.
Sino al revés, dejo mierda por donde paso. 
Intento hacer algo bien, arreglar las cosas, que todo sea un poco mejor y lo que consigo es joderlo todo. 
Pienso que ha avanzado un paso hacia adelante y en realidad he retrocedido. 
Todo esto mientras camino y me sigo ahogando en mi odio, en mis miedos, en mi impotencia, definitivamente en mi mierda, en la que yo creo y luego no soy capaz de alejar de mí. 
Siento que me estoy muriendo por dentro, que tengo el corazón podrido
Quiero que nada me afecte, estar siempre alegre, divertirme y reírme. 
Pero no, no es así, ni estoy así. 
No quiero que nadie se preocupe por mí ni se compadezcan, pero quizá lo necesito
No encuentro ni consuelo, ni soluciones, ni nada que me llene ni me haga sonreír, y si llegase a buscar o a perseguir eso (llamémoslo mi felicidad) estaría caminando hacia atrás, con mi maldito complejo de cangrejo que tantas veces he nombrado. 
No estoy a gusto conmigo misma, ni con el resto de personas. No estoy conforme con nada. No soy feliz, ni tengo tu apoyo cuando en realidad es lo único que me haría sentir un poco mejor, pero las cosas son así.
De aquí a unos días tendré a mi alrededor tanta mierda que no seré capaz de escapar, y entonces será cuando esté perdida de verdad y no tenga escapatoria. 
Me estoy destruyendo a medida que pasa el tiempo y ya no soy yo. 
Vuelvo a ser la que desapareció hace tiempo para dejarme sonreír y que ahora vuelve para dibujar lágrimas a sus anchas.
La que no quería salir de casa. 
La que no quería ver ni estar con nadie. 
La que se escondía en su caparazón por miedo a que le hicieran daño. 
La que se echaba agua oxigenada en sus heridas para que se curaran cuando en verdad las cicatrices acababan doliendo más. 
Y quizá hasta eso me gustaba, me recreaba en mi propio dolor y en el ajeno.
Me torturaba. Como estoy haciendo ahora.

30 de septiembre de 2010

Gracias.

Por olvidarme si te vas, por no buscarme más.

29 de septiembre de 2010

Es mejor no decir nunca siempre.

Las perfección sólo existe cuando se está enamorado. Será eso por lo que ahora empiezo a encontrarte tantos defectos.

26 de septiembre de 2010

A día de hoy dudo si mereció la pena.

A veces necesitas perder algo para darte cuenta de que nunca lo has necesitado demasiado, de que nunca has dependido de eso tanto como creías, de que en realidad, nunca ha sido suficiente.
Podré haber salido perdiendo en el juego (tú juego, por cierto), pero hay veces que, 
perdiendo a gente como tú se termina ganando.

Que descubran tu verdadera personalidad.

Yo creo que lo que te pasa es que te acojona que haya alguien ahí fuera dispuesto a ayudarte, a valorarte. Te da miedo que de repente descubran que en realidad eres alguien a quien no merece la pena querer.

25 de septiembre de 2010

23 de septiembre de 2010

He tocado fondo.

- Me siento oficialmente deprimida.
- ¿Perdona? Creo que leí mal.

- Canciones, "es difícil olvidar cuando se lleva tan adentro".

- Te entiendo, odio esas canciones.
- Le necesito, haría cualquier cosa por él, cualquiera.
- Sé que darías cualquier cosa por él.

- Siento impotencia, fijo que está pillado por otra.

- Tú verás si merece la pena y de lo que te sientes capaz.
- Derribaría cualquier muro si me sintiera menos débil.
- ¿A que tienes ganas de gritarle al mundo entero, y sobre todo a él, que sólo le quieres a  él y que no te importa lo demás? Que darías todo, y harías cualquier cosa por él.

- Sí, exactamente. Tenerle delante y decirle lo que siento, para después comérmelo a besos muy despacito de los pies a la cabeza, y decirle que me va a tener siempre a pesar de que se me esté haciendo añicos el corazón, que mi felicidad se basa en verle sonreír, porque no se merece nada de esto, pero ya no importa.
- En el fondo sabes que se lo merece.
- Desde mi punto de vista se merece todo, por hacerme feliz con tan poco. Pero desde el punto de vista de otra persona que sepa un poco de qué va el tema es evidente que no se merece nada.
- Exacto.

- Es triste que sea consciente de todo esto y siga sin hacer nada para remediarlo.
- Te entiendo, es difícil cariño, pero sé que puedes con esto.
- Podría si supiera qué debo y no debo hacer, pero ya estoy demasiado perdida.
- Guíate por lo que sientas.

16 de septiembre de 2010

Bipolaridad tormentosa.

Llevaba demasiado tiempo esperando un día como el de hoy.
Lluvioso, tormentoso, pero con una temperatura agradable en el ambiente, un día tan diferente como perfecto, (o casi perfecto).
Los días como hoy, a diferencia de como ustedes puedan pensar, no se me hacen días eternos, ni nostálgicos, ni mucho menos tristes (al menos la mayoría no).
Al revés, son días felices.
Aunque siempre cabe la posibilidad de que una nube imperceptible (para los demás) llamada Bipolaridad se me pose en la cabeza y el resto venga después.
Pero ese es otro tema, no tiene que ver la tormenta con que tenga un día bipolar, aunque todo influya, no te digo yo que no.
La cuestión, que hoy soy feliz.
Y tengo ganas de llorar.
Y de gritar.
Y de saltar.
Y de reír.
Y de besar.
Y... mejor no sigo, que se me ocurren demasiadas cosas.
Me apetece pisar con fuerza sobre cualquier charco y llenarme enterita de barro. Asomarme a lo alto de cualquier sitio y ver a la gente pequeñita. Que llueva mucho, tanto que se me cale la ropa y mi pelo no parezca el mismo, como recién salida de la ducha pero con ropa (o sin ella, nunca se sabe). Y empezar de pronto a llorar y que nadie se de cuenta, porque como llueve a cántaros se disimula mucho mejor. Y mi boca sabe dulce y salada al mismo tiempo, y entonces es cuando me río y me digo, ¿Qué haces llorando, cariño?.
Y salto en el charco más cercano, y saludo a la gente con una sonrisa y miro atrás, hacia esa nube,  y me doy cuenta de que Bipolaridad (si no recuerdo mal), me persigue. Huyo. Sí, exacto, huyo. Corro hacia no sé dónde pero con toda mi energía, ahora ya no me caen lágrimas, sólo sudor. Por lo que el sabor de mi boca sigue siendo el mismo. Y vuelvo a reírme a carcajadas. Como si fuera un juego. Un juego divertido, por supuesto. Y mientras danzo distraída bajo la lluvia mi querida Bipolaridad ya me ha alcanzado, y vuelvo a llorar amargamente.
Pero bueno, esto ya es la pescadilla que se muerde la cola, no hay más.
Sólo añadir que pese a todo me encanta que llueva, mucho, muchísimo. Excepto el olor a tierra mojada, que lo odio, pero no importa. Sin tener en cuenta la tormenta, que no hay nada mejor que quedarse dormida mientras escuchas relampaguear afuera, lejos de esas cuatrocientas siete mantas que te aíslan. Y el frío no puede faltar, porque también me gusta, sobre todo si tú me lo quitas, y no las mantas.
De hecho si lo pienso hasta le haces la competencia a la tormenta, preferiría mil veces quedarme dormida escuchándote, y tenerte debajo de las cuatrocientas siete mantas, que la tormenta más horrible de todos los tiempos. Y que hiciera tanto frío que sólo me bastases tú para quitármelo.

14 de septiembre de 2010

Envolveremos al espacio con nuestro amor.

Nos tocamos y siento como un subidón. Nos agarramos fuertemente, no mucho.
Pero lo suficiente como para preguntarme qué es lo que nos aguarda.
Es deseo, es tortura. Debes de ser un hechicero porque has hecho lo imposible.
Gánate mi confianza y no juegues conmigo porque correrás peligro si me jodes.
Porque si yo me quemo, entonces te mostraré lo que es el dolor.
A mí ya me han tratado como basura antes que a ti.
Y es que el amor está maldito. Te enseñaré cómo se escribe al revés.
Nadie conoce lo fría que estoy. Lo que es caminar por esta calle totalmente sola.
La culpa no es de nadie sino mía. Es el camino que he elegido seguir.
Ser fría como la nieve sin mostrar emociones de ninguna manera.
No me preguntes por qué no me enamoro de ninguno de estos jodidos cabrones.
Pero, ¿qué cojones me pasa con esto?
Yo lo he intentado en este apartamento, pero no he tenido suerte con este tema.
Es una mierda, pero es justamente como yo pensaba que esto sería.
Es como si estuviera intentando volver a empezar continuamente.
Tengo un agujero en el corazón, soy como una especie de montaña rusa emocional.
Algo me dice que no voy a poder seguir hasta que juguetees con mis emociones y las hagas subir.
Siento una explosión cada vez que te tengo. Y no bromeo cuando digo que me robas la respiración.
Eres como un planeta y yo seré la nave que viaje hasta el espacio en busca de tu corazón.
Estoy apuntando directamente a ti, directamente a ti.
250 mil millas en una despejada noche de junio.
Estoy apuntando directamente a ti, directamente a ti, directamente a ti.
Hago lo que sea necesario. Porque cuando estoy contigo siento fuertes emociones.
Mi cuerpo me duele cuando no te tengo. Cuando estoy contigo se me van las fuerzas.
No existen límites para llegar a donde haga falta. No hay ni barreras ni longitudes.
Todo lo que decimos hasta que encontramos a la persona que creemos que será la definitiva.
Y una vez que la tenemos todo es diferente. Los quieres cuando ellos no te quieren a ti.
Cambian de sentimientos de un día para otro. 
Esto no es ningún concurso y yo no soy la conquista de nadie.
No estaba buscándote pero me topé contigo, debe de haber sido el destino.
Pero es que hay mucho en juego, ¿qué más te hace falta para decidirte?
Vamos a ir al grano. Pero una puerta se te cierra en la cara.
Así que prométeme que si me hundo, me rompo y dejo mis sentimientos al descubierto.
No estaré cometiendo un error.
Eres como un planeta y yo seré la nave que viaje hasta el espacio en busca de tu corazón.
Estoy apuntando directamente a ti, directamente a ti.
250 mil millas en una despejada noche de junio.
Estoy apuntando directamente a ti, directamente a ti, directamente a ti.
Así que después de todo lo que ha pasado ya no me quieres.
Pero yo te quiero tanto que hasta me duele. Te entregué todo mi corazón.
Juro por Dios que bajé la guardia. Me devané los sesos en tu regazo.
Me tumbe ahí para luego morir en tus brazos. Hasta mis rodillas han caído y sangrado.
Intento detener tu marcha. Pero tú ni me escuchas, así que a la mierda.
Intento detener tu respiración poniendo mis manos sobre tu garganta.
Sentándome encima de ti y apretándola.
Hasta llegar a romperte el cuello como si fuese un palito de helado.
No hay ninguna razón posible que se me ocurra para dejarte escapar de esta casa y dejarte vivir.
Las lágrimas corren por mis mejillas. Luego simplemente dejo que te vayas.
Y antes de ponerme la pistola sobre la sien te digo esto.
Que yo haría cualquier cosa por ti. Sólo para demostrarte lo mucho que te adoro.
Pero ya esto se acabó. Es demasiado tarde para salvar nuestro amor.
Solamente prométeme que pensarás en mí cada vez que mires hacia el cielo y veas una estrella.
Porque yo seré la nave que viaje hasta el espacio en busca de tu corazón.
Estoy apuntando directamente a ti, directamente a ti.
250 mil millas en una despejada noche de junio.
Y es que estoy tan perdida sin ti, sin ti, sin ti.

13 de septiembre de 2010

Corazón inerte.

Siento un vacío tan grande que voy a tardar mucho tiempo en encontrar algo que lo llene.

12 de septiembre de 2010

Deshecho mi excusa como un imposible.

Sólo hay algo peor a que te mientan. 
Engañarte a ti mismo.

11 de septiembre de 2010

Otro día que pasa a formar parte del pasado.

Llegué a mi portal y abrí esa estridente puerta que siempre se cierra con un portazo, a pesar de que ponga en un folio pegado con celofán y en letras mayúsculas: "POR FAVOR, CIERREN LA PUERTA. NO DEJEN QUE SE CIERRE SOLA. GRACIAS"
¿A quién le importaba esa maldita puerta? A mí precisamente no, así que, igual que siempre entré y dejé que se cerrara sola, como si quería romperse en añicos.
Subí las escaleras mientras analizaba mentalmente cuál era mi aspecto. Debajo de mi maraña de pelos se ocultaban mis ojos, rojos e hinchados.  
Avanzaba lentamente, como si mis piernas fueran de puro hormigón, tenía la boca muy seca y la nariz congestionada.
Llegué a mi puerta, metí la llave en el cerrojo y la giré hacia la derecha, la puerta rechinó. Entré en el salón, donde mi abuela, mi hermana, mi madre y su novio ya estaban cenando. Protesté por la cena, otra vez pizza, no hacía ni tres días que la había comido. Fui a mi cuarto y tiré las llaves encima de la mesa, luego me dirigí al baño, me quité los zapatos y me miré al espejo. Me odiaba.
Me aparté los pelos de la cara con mis manos y me quedé un rato mirándome. Mi mente me empezó a insultar y a recriminar cada uno de mis actos, pero le mandé que se callara con un suspiro.
Fui al salón, me preguntaron que qué tal el día pero les ignoré, estaba en mi burbuja impermeable, esa que actuaba a modo de chaleco antibalas. Comí tres porciones de pizza con desgana y me bebí la Fanta de naranja de un sólo trago.
Me levanté y volví a mi cuarto, encendí el ordenador. Me senté en la silla y apoyé la cabeza en mis manos, con los dedos índices en mi sien, y me puse a pensar en todas las veces que la había cagado, en la cantidad de errores que había cometido y de los cuales no me arrepentía de ninguno, de todo lo que le había dado a una persona sin pedir nada a cambio, para ahora encontrarme esto.
Mi burbuja empezaba a parecerse a la capa de ozono, me protegía del daño exterior, de los meteoritos que me arrojaban desde fuera sin consideración, pero no me protegía del daño interior, del daño que me causaba a mí misma pensando cada cosa que pensaba, diciéndome lo que me decía, entonces la burbuja se iba rompiendo por pequeños sitios, le iban apareciendo grietas, y el daño exterior empezaba a filtrarse y a hacer daño también. Todo era dolor.
Acabé de reflexionar y abrí el Mozilla, pulsé sobe el icono del Tuenti y me volví a sumergir en mis pensamientos mientras se cargaba la página. No me dio tiempo de pensar demasiado, por suerte, y ya me aparecía la página principal, cuatro privados, dos fotos con comentarios, un comentario en el tablón y una invitación a un juego. No me apetecía hablar con nadie, o mejor dicho con casi nadie. Así que fui mirando las cosas de menor a mayor importancia, como hacía siempre, me gustaba dejar lo importante para el final. Rechacé la invitación al juego sin pensármelo y respondí los comentarios en foto de forma casi mecánica, miré mi perfil y me quedé un rato con la mente en blanco, respondí el comentario y me dispuse a leer los privados. Todos eran de personas que me importaban, así que decidí responderlos, y a medida que iba respondiendo privados y leyendo comentarios más rabia y ganas de llorar me entraban. Soy estúpida, me decía. Y tanto que lo era.
Actualicé varias veces y retoqué algunas fotos, también sin ganas, pero tenía que hacerlo si no quería que me crucificaran. Las subí y me quedé tranquila, otra vez pensando, me encantaba pensar. Era como hablar conmigo misma en voz muy bajita, tan bajita que sólo me oía yo, y yo. Volví a actualizar, hice un cálculo mental del momento en que había respondido los privados anteriores y había algo que no me cuadraba, un privado de más. Me entró pánico. Mi intuición me decía, es suyo, y nunca se equivocaba, me horroricé por dentro. Pulsé y en efecto, entre los que me esperaba también estaba el suyo.
Lo leí varias veces, pese a su brevedad, y volví a caer súbitamente en el ese agujero de mi mente que tanto me torturaba, como si hubiera tropezado y caído de bruces mil veces sobre la misma idea. O sobre la misma piedra, porque es lo que era, una puta piedra en mi camino.
Me quedé ausente, si me hubiesen tocado, hablado o clavado un cuchillo en la espalda en ese momento te garantizo que no habría sentido nada, directamente ya no era yo. Me pregunté qué sería mejor, si decirle que todo había ido bien, o sea, mentirle. O decirle que todo había ido mal, y que pareciese que lo que quiero es que se preocupe por mí, que quizás era lo que necesitaba, no que se preocuparan por mí, sino que lo hiciera él concretamente.
Me entristecí, sí, por ser así de tonta, de cría, de estúpida. No le respondí, no quería acabar discutiendo con él, no quería que se preocupara, ni que me dijera lo bien que le va. No quería que me hundiera más de lo que ya lo estaba haciendo, siendo de esa forma borde cuando más sabe que le necesito, no quería, me negaba en rotundo, tenía que aprender yo sola a ser fuerte.
Mi madre entró en el cuarto y mis pensamientos se disiparon como una nube negra, me dijo que me fuera a dormir porque era tarde, volví a protestar y empecé a despotricar, mi vida se convertía en una mierda por momentos.
Volví a leer su mensaje remarcando los puntos suspensivos del final. ¿Por qué? me preguntaba. Cerré la ventana después de haber visitado su perfil, su imagen se me quedó grabada en la cabeza, machacándome.
Me fui al baño a ponerme el pijama, pegué un puñetazo en la puerta y volví a quedarme quieta, mirándome en el espejo. Cada día me daba más asco a mí misma. Yo, él, todo.
Finalmente decidí que era mejor que me fuera a dormir, me tumbé en la cama, sin arroparme, y me abracé con fuerza a la almohada mientras miraba a la calle por la ventana, veía pasar los coches, donde iban persona ajenas a mí, con sus propias preocupaciones y problemas. Y yo en mi cama, una mocosa masoca de quince años que no tiene mejores cosas que hacer que decir que su vida es una mierda.
Que alegría, da gusto mi manera de aprovechar el tiempo.
Me arropé hasta la cabeza y me hice un ovillo, luego las lágrimas manchadas de odio y rabia recorrieron mis mejillas. Lo último que recuerdo era que cerraba con fuerza los ojos, y apretaba con fuerza la mandíbula y los puños. Al fin me dormí.

Impulsos.

- ¿Tú crees que con lo rápido que pasa el tiempo, que mañana mismo si lo quiere el destino me puedo morir, me voy a parar a pensar en las consecuencias de mis actos?
- No.
- Exacto.
Mi foto
Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.