Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


31 de julio de 2010

Felicidad extraña.

Me siento feliz, no sé por qué. Sinceramente intuyo cosas buenas y mis intuiciones pocas veces fallan, pero tengo miedo. Miedo a que eso sea tan bueno que no dure demasiado tiempo, ni siquiera el tiempo suficiente para darme cuenta de que lo estoy viviendo, y no cuando se esfume. Todo es efímero, lo sé. Pero cuando ocurra quiero sentirlo para poder revivirlo en mi memoria cuando quiera. En cada sueño, en cada domingo sin saber qué hacer, en los largos trayectos de autobús...
Revivirlo en cualquier lado, a cualquier hora.
Y para eso tengo que sentir el momento y la felicidad fluyendo por mis venas, junto con una buena dosis de adrenalina. Realmente no me gustan los buenos momentos, al menos no los que son tan buenos que se echan de menos con lágrimas en los ojos, esas lágrimas melancólicas que duelen tanto y que no basta con revivir ese instante en tu memoria para sentirte mejor, sino lo que necesitas es volverlo a vivir en el presente, a sabiendas de que volverá a formar parte de tu pasado. Irremediablemente todo lo que hagas será parte del pasado, y marcará tu futuro.

28 de julio de 2010

Te quiero, te necesito.

Quiero pensar que me dirás que me quede, que en el fondo te importo al menos un poquito, que existo en algún recoveco oculto de tu corazón, casi invisible pero presente, y que en ocasiones te juega malas pasadas, en esas veces en las que te traiciona el subconsciente y hasta puedo leer en tus ojos que me quieres, aunque sea a tu manera, pero me quieres. Sí, me siento realmente tonta por creer que eso sea verdad pero irremediablemente necesito creerlo.
Sé que te voy a echar de menos, porque siempre lo hago, siempre dejas tras de ti una ausencia imposible de llenar. Me siento idiota por caer en tu juego aún sabiendo cómo acabará, porque siempre acaba igual de mal, al menos para mí, pero es normal. Es tu juego y tú pones las reglas, y yo no sé jugar y obviamente pierdo, y tú te vas triunfal hasta que se te antoja volver, o tienes ganas de volverme a ver caer súbitamente.
Soy estúpida por quererte, por pensar en ti, siempre lo he sido desde que creí que podía cambiar la realidad diciendo lo que sentía, así que si ya lo he hecho una vez, ¿por qué no de nuevo? Sólo estoy esperando a que vuelvas, porque te quiero, te necesito.

27 de julio de 2010

Necesito no necesitar nada.

Tú tienes el veneno, y yo el antídoto. O al revés, a veces no lo sé. Me siento intoxicada, pero me siento bien. Es esta clase de venenos que actúan a modo de droga, y el antídoto a la droga es pinchártela en vena y pasar el mono. Directamente no es lo más sano pero las demás alternativas las descarto del tirón. No me voy a poner a decir tonterías como una cursi, hoy no tengo el día empalagoso. Simplemente estoy fría. Sí, muy fría, tan tremendamente fría que no me gusta. Necesito algo cálido, pero odio el verbo necesitar con todos sus sinónimos. Alguien que necesita algo es incapaz de sentirse libre. Que por cierto, ahora que lo pienso me pasa eso exactamente. No me siento libre porque dependo de algo o alguien y eso es algo que odio, y todo se sustenta sobre un suelo de mármol helado que necesita derretirse.

26 de julio de 2010

Me gusta complicarte la vida.

+ ¿Cuándo? ¿Ahora?
- No, mejor después.
+ ¿Después? ¿Cuánto de después?
- No sé, después.
+ Ese después suena a nunca.
- Yo no he dicho eso, sólo he dicho que después.
+ Pero el después puede ser indefinidamente después de después.
- Bueno, pero ahora no.
+ Vale, ¿pero en algún momento?
- Puede ser.
+ Eso no es un sí.
- Es lo que he dicho.
+ Entonces es un nunca.
- No.
+ Entonces explícamelo.
- ¿Qué quieres que te explique?
+ Lo que has querido decir.
- He querido decir lo que he dicho.
+ No has dicho nada.
- Sí.
+ Sólo esquivas mis preguntas con posibilidades indefinidas.
- ¿Y qué?
+ Que me lo digas.
- ¿Que te diga qué?
+ Y ahora me evades con preguntas.
- No te evado.
+ Sí lo haces.
- No, respondo a tus preguntas.
+ No, no las respondes.
- Sí, que a ti no te satisfagan mis respuestas es otra cosa.
+ Porque a ti no te gustan mis preguntas.
- Eres tú la que tienes el problema.
+ Por eso.
- ¿Eh?
+ ¿Con quién te crees que estás hablando?
- Con nadie.
+ Me parece estupendo que no te creas nadie.
- Pues vale.
+ Que te jodan.
- Sí, ya lo sé.
Mi foto
Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.