Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


31 de julio de 2010

Felicidad extraña.

Me siento feliz, no sé por qué. Sinceramente intuyo cosas buenas y mis intuiciones pocas veces fallan, pero tengo miedo. Miedo a que eso sea tan bueno que no dure demasiado tiempo, ni siquiera el tiempo suficiente para darme cuenta de que lo estoy viviendo, y no cuando se esfume. Todo es efímero, lo sé. Pero cuando ocurra quiero sentirlo para poder revivirlo en mi memoria cuando quiera. En cada sueño, en cada domingo sin saber qué hacer, en los largos trayectos de autobús...
Revivirlo en cualquier lado, a cualquier hora.
Y para eso tengo que sentir el momento y la felicidad fluyendo por mis venas, junto con una buena dosis de adrenalina. Realmente no me gustan los buenos momentos, al menos no los que son tan buenos que se echan de menos con lágrimas en los ojos, esas lágrimas melancólicas que duelen tanto y que no basta con revivir ese instante en tu memoria para sentirte mejor, sino lo que necesitas es volverlo a vivir en el presente, a sabiendas de que volverá a formar parte de tu pasado. Irremediablemente todo lo que hagas será parte del pasado, y marcará tu futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mi foto
Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.