Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


26 de julio de 2010

Me gusta complicarte la vida.

+ ¿Cuándo? ¿Ahora?
- No, mejor después.
+ ¿Después? ¿Cuánto de después?
- No sé, después.
+ Ese después suena a nunca.
- Yo no he dicho eso, sólo he dicho que después.
+ Pero el después puede ser indefinidamente después de después.
- Bueno, pero ahora no.
+ Vale, ¿pero en algún momento?
- Puede ser.
+ Eso no es un sí.
- Es lo que he dicho.
+ Entonces es un nunca.
- No.
+ Entonces explícamelo.
- ¿Qué quieres que te explique?
+ Lo que has querido decir.
- He querido decir lo que he dicho.
+ No has dicho nada.
- Sí.
+ Sólo esquivas mis preguntas con posibilidades indefinidas.
- ¿Y qué?
+ Que me lo digas.
- ¿Que te diga qué?
+ Y ahora me evades con preguntas.
- No te evado.
+ Sí lo haces.
- No, respondo a tus preguntas.
+ No, no las respondes.
- Sí, que a ti no te satisfagan mis respuestas es otra cosa.
+ Porque a ti no te gustan mis preguntas.
- Eres tú la que tienes el problema.
+ Por eso.
- ¿Eh?
+ ¿Con quién te crees que estás hablando?
- Con nadie.
+ Me parece estupendo que no te creas nadie.
- Pues vale.
+ Que te jodan.
- Sí, ya lo sé.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.