Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


27 de julio de 2010

Necesito no necesitar nada.

Tú tienes el veneno, y yo el antídoto. O al revés, a veces no lo sé. Me siento intoxicada, pero me siento bien. Es esta clase de venenos que actúan a modo de droga, y el antídoto a la droga es pinchártela en vena y pasar el mono. Directamente no es lo más sano pero las demás alternativas las descarto del tirón. No me voy a poner a decir tonterías como una cursi, hoy no tengo el día empalagoso. Simplemente estoy fría. Sí, muy fría, tan tremendamente fría que no me gusta. Necesito algo cálido, pero odio el verbo necesitar con todos sus sinónimos. Alguien que necesita algo es incapaz de sentirse libre. Que por cierto, ahora que lo pienso me pasa eso exactamente. No me siento libre porque dependo de algo o alguien y eso es algo que odio, y todo se sustenta sobre un suelo de mármol helado que necesita derretirse.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.