Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


28 de julio de 2010

Te quiero, te necesito.

Quiero pensar que me dirás que me quede, que en el fondo te importo al menos un poquito, que existo en algún recoveco oculto de tu corazón, casi invisible pero presente, y que en ocasiones te juega malas pasadas, en esas veces en las que te traiciona el subconsciente y hasta puedo leer en tus ojos que me quieres, aunque sea a tu manera, pero me quieres. Sí, me siento realmente tonta por creer que eso sea verdad pero irremediablemente necesito creerlo.
Sé que te voy a echar de menos, porque siempre lo hago, siempre dejas tras de ti una ausencia imposible de llenar. Me siento idiota por caer en tu juego aún sabiendo cómo acabará, porque siempre acaba igual de mal, al menos para mí, pero es normal. Es tu juego y tú pones las reglas, y yo no sé jugar y obviamente pierdo, y tú te vas triunfal hasta que se te antoja volver, o tienes ganas de volverme a ver caer súbitamente.
Soy estúpida por quererte, por pensar en ti, siempre lo he sido desde que creí que podía cambiar la realidad diciendo lo que sentía, así que si ya lo he hecho una vez, ¿por qué no de nuevo? Sólo estoy esperando a que vuelvas, porque te quiero, te necesito.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.