Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


6 de agosto de 2010

Cambios.

Han pasado muchas cosas en estos últimos tres días, quizás hasta demasiadas. Siempre he pensado que el mundo gira demasiado deprisa, tanto que acabamos mareándonos y perdiendo el rumbo, si es que lo teníamos. Personalmente no soy de esas personas que fijan su camino, algo que tiene algunas desventajas, de ahí a que me sienta perdida en una gran cantidad de ocasiones, pero muchas ventajas, ya que al no tener ninguna meta tampoco tengo frustraciones de no alcanzarlas. Simplemente yo improviso sobre la marcha, derribo los obstáculos que se me pongan por delante e intento sobrevivir, haciendo lo que me apetezca más hacer en ese momento. Es sencillo, a veces sólo tengo que tomar decisiones sin mirar atrás, y cuando hay algo que quiero conseguir dejo el orgullo en el armario y salgo a la calle a por eso que deseo. Considero que es algo bueno que yo tengo, que no soy demasiado orgullosa, que voy directa y con las cosas de frente y por eso me llevo tantas satisfacciones, sin contar alguna que otra decepción.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.