Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


31 de agosto de 2010

Dejaré de buscarle el por qué, aunque esté subrayado y en negrita.

Entre sorbo y sorbo de Nesquik tu recuerdo me taladra. No me gusta hablar de recuerdos. Nunca me ha gustado hacerlo. Recuerdo suena a lejano, casi a inexistente, a que ha pasado pero no volverá a pasar. Recuerdo suena casi a error. Y podrá haber sido el error más grande de mi vida, amarte, sí, tal vez lo sea y lo sigue siendo, pero es el error más bonito que he cometido en estos quince años de mi vida. Si te soy sincera, tú eres lo más bonito que he conocido en todo este tiempo. Y mira que he pensado veces "oh, lo que daría por no haberle conocido" pero es mentira, no me creas, no te lo creas. Suelo mentirme a mí misma cuando la verdad duele, de hecho lo hago muy a menudo y acaba doliendo más, pero el dolor es menos amargo. Quizás te suene irónico, no te digo que no lo sea, pero prefiero que me digas que me quieres y me beses, y luego me maldigas, y que duela, que duela mucho. Para volver a besarte. Y que duela, y besarte... No me importa si por cada beso tengo que derramar una lágrima, no me importa para nada. No me importa si tengo que picarte, hacerte cosquillas, tirarte de las orejas o pellizcarte el culo para que me hagas caso, y después de insultarnos y decirnos todas las barbaridades más dolorosas y más verdaderas lo solucionemos con un buen abrazo, si es eso vale, de verdad que no me importa, por mí encantada, seré masoca, subnormal, podré serlo todo, pero si lo soy es por tu culpa, porque me vuelves loca.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.