Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


28 de agosto de 2010

El deseo eterno de perseguir lo que nos hace daño.

Si te soy sincera ahora mismo estoy pensado en ti. En lo que ha pasado hoy, en tu manera de picarme cuando volvíamos de vuelta y cómo me cogías de la camiseta para que no me cayera en cada piedra, en tu forma inocente de sonreírme después de que me enfadara, en tus gestos, en tu tierno abrazo de despedida y en tus dos besos, en que mañana no te veré en todo el día y en que te quiero demasiado para nada.
Hoy te he visto distinto. Siempre estás guapo pero hoy lo estabas más. Me habría gustado darte un beso aunque fuese cortito para que te dieses cuenta de lo mucho que te quiero, porque sé que si intento decírtelo con palabras se me traban en la garganta y no me salen. Eres muy especial para mí, te necesito, demasiado, dependo de ti hasta sobrepasar una realidad irónica. Siempre pienso que todo tiene un por qué, y llevo pensado mucho tiempo en por qué te quiero tanto, y no encuentro la respuesta, pero de igual forma te sigo queriendo y más y más y más. Y tengo miedo.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.