Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


17 de agosto de 2010

Buscando la felicidad.

Sigo sin poder olvidar cada momento, pero aún así no se viene abajo mi empeño en intentar que parezca que nunca te he amado.
De todos modos no hay problema, yo sobreviviré, no me preguntes cómo porque no lo sé, simplemente dicen que el tiempo lo cura todo y que con paciencia se olvida, ayudando poco a poco a sentirme como si nunca hubiera existido nada y pese a todo me quedo inmóvil aquí. Pasaré el mono quiera o no, me cueste lo que me cueste, sé que este es de todos el juego que más te apasiona, al que mejor juegas y quizás hasta en el que juegas con más ventajas, pero quiero la revancha y no me voy a defraudar a mí misma y a los demás, al menos no otra vez, que ya he sufrido bastante y demasiado han sufrido por mí.
Anoche, después de tanto, regresaron a mi mente las viejas palabras, las voces que me recuerdan tanto sufrimiento y ansiedad de soledad. Me encuentro en otro plano del tiempo, atascada entre mi garganta y el odio a mí misma.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.