Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


16 de septiembre de 2010

Bipolaridad tormentosa.

Llevaba demasiado tiempo esperando un día como el de hoy.
Lluvioso, tormentoso, pero con una temperatura agradable en el ambiente, un día tan diferente como perfecto, (o casi perfecto).
Los días como hoy, a diferencia de como ustedes puedan pensar, no se me hacen días eternos, ni nostálgicos, ni mucho menos tristes (al menos la mayoría no).
Al revés, son días felices.
Aunque siempre cabe la posibilidad de que una nube imperceptible (para los demás) llamada Bipolaridad se me pose en la cabeza y el resto venga después.
Pero ese es otro tema, no tiene que ver la tormenta con que tenga un día bipolar, aunque todo influya, no te digo yo que no.
La cuestión, que hoy soy feliz.
Y tengo ganas de llorar.
Y de gritar.
Y de saltar.
Y de reír.
Y de besar.
Y... mejor no sigo, que se me ocurren demasiadas cosas.
Me apetece pisar con fuerza sobre cualquier charco y llenarme enterita de barro. Asomarme a lo alto de cualquier sitio y ver a la gente pequeñita. Que llueva mucho, tanto que se me cale la ropa y mi pelo no parezca el mismo, como recién salida de la ducha pero con ropa (o sin ella, nunca se sabe). Y empezar de pronto a llorar y que nadie se de cuenta, porque como llueve a cántaros se disimula mucho mejor. Y mi boca sabe dulce y salada al mismo tiempo, y entonces es cuando me río y me digo, ¿Qué haces llorando, cariño?.
Y salto en el charco más cercano, y saludo a la gente con una sonrisa y miro atrás, hacia esa nube,  y me doy cuenta de que Bipolaridad (si no recuerdo mal), me persigue. Huyo. Sí, exacto, huyo. Corro hacia no sé dónde pero con toda mi energía, ahora ya no me caen lágrimas, sólo sudor. Por lo que el sabor de mi boca sigue siendo el mismo. Y vuelvo a reírme a carcajadas. Como si fuera un juego. Un juego divertido, por supuesto. Y mientras danzo distraída bajo la lluvia mi querida Bipolaridad ya me ha alcanzado, y vuelvo a llorar amargamente.
Pero bueno, esto ya es la pescadilla que se muerde la cola, no hay más.
Sólo añadir que pese a todo me encanta que llueva, mucho, muchísimo. Excepto el olor a tierra mojada, que lo odio, pero no importa. Sin tener en cuenta la tormenta, que no hay nada mejor que quedarse dormida mientras escuchas relampaguear afuera, lejos de esas cuatrocientas siete mantas que te aíslan. Y el frío no puede faltar, porque también me gusta, sobre todo si tú me lo quitas, y no las mantas.
De hecho si lo pienso hasta le haces la competencia a la tormenta, preferiría mil veces quedarme dormida escuchándote, y tenerte debajo de las cuatrocientas siete mantas, que la tormenta más horrible de todos los tiempos. Y que hiciera tanto frío que sólo me bastases tú para quitármelo.

2 comentarios:

  1. Preicoso, nena... Me encanta(:
    Te quiero.(L)

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  2. Como ya te dije,me mola mucho :)
    Tequiero(L) :D

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.