Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


23 de septiembre de 2010

He tocado fondo.

- Me siento oficialmente deprimida.
- ¿Perdona? Creo que leí mal.

- Canciones, "es difícil olvidar cuando se lleva tan adentro".

- Te entiendo, odio esas canciones.
- Le necesito, haría cualquier cosa por él, cualquiera.
- Sé que darías cualquier cosa por él.

- Siento impotencia, fijo que está pillado por otra.

- Tú verás si merece la pena y de lo que te sientes capaz.
- Derribaría cualquier muro si me sintiera menos débil.
- ¿A que tienes ganas de gritarle al mundo entero, y sobre todo a él, que sólo le quieres a  él y que no te importa lo demás? Que darías todo, y harías cualquier cosa por él.

- Sí, exactamente. Tenerle delante y decirle lo que siento, para después comérmelo a besos muy despacito de los pies a la cabeza, y decirle que me va a tener siempre a pesar de que se me esté haciendo añicos el corazón, que mi felicidad se basa en verle sonreír, porque no se merece nada de esto, pero ya no importa.
- En el fondo sabes que se lo merece.
- Desde mi punto de vista se merece todo, por hacerme feliz con tan poco. Pero desde el punto de vista de otra persona que sepa un poco de qué va el tema es evidente que no se merece nada.
- Exacto.

- Es triste que sea consciente de todo esto y siga sin hacer nada para remediarlo.
- Te entiendo, es difícil cariño, pero sé que puedes con esto.
- Podría si supiera qué debo y no debo hacer, pero ya estoy demasiado perdida.
- Guíate por lo que sientas.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.