Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


4 de septiembre de 2010

Tengo miedo.

No sé de qué, ni de quién. Es un miedo distinto al que he experimentado en tantas otras ocasiones. Es un miedo lleno de frustración y nostalgia, un miedo que se esconde pero es tan grande que sobresale, un miedo huidizo, rencoroso, odioso. Y me causa una sensación de vacío tan desagradable. No tengo a nadie. Y parece que tiene que ser ahora, de golpe, cuando me de cuenta. Empieza a volverse todo triste y no sé, tal vez he empezado a no esperarme nada de nadie. Es un asco.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.