Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


14 de noviembre de 2010

Empatía, por favor.

Me revienta las entrañas pensar que creéis saber algo de toda esta puta mierda. 
Que deis por sentado las cosas cuando ni siquiera os habéis molestado en preguntar, cuando os la sopla, pero claro, es tan fácil hablar… 
Cuanto más estrecha tenéis la mente más ancha tenéis la boca. 
Porque de verdad os lo digo, no os hacéis ni una pequeñísima idea de la milésima parte de toda esta historia. 
De todo lo que me trago, de todo lo que sufro, de toda la rabia que sigo escupiendo o arrojando a mi interior para que me vengáis con estupideces como esta. 
Que ya no somos críos ostias. Que no podéis juzgar así como así. 
Sin ponerse en el lugar del otro y preguntarse: “por qué”. 
Porque no. Porque no es justo.

Porque no entendéis nada ni lo vais a entender jamás.

1 comentario:

  1. Hay cosas que si se pueden entender; que aunque creas que eres la única que pasas por esas cosas hay personas, mas cercanas de lo que piensas, que pasan por lo mismo que tú. Que sí, que cada uno tiene sus problemas y que está solo en este puto mundo, ¿y que? así uno se hace mas fuerte, afrontando las cosas solo.
    Los demas no te entienden, no se imaginan ni la mitad de todo lo que te pasa... Te sientes "sola" y que todo está en tu contra... ¿Tú crees que has hecho algo mal? ¿O te dicen que está pasando algo, que te has equivocado en algo? Tragate el orgullo y date cuenta de que has metido la pata; pero se puede cambiar... Porque el destino, bha..Lo escribes tú y por mas que pienses que no hay vuelta atrás, te equivocas; siempre hay una solución, para todo.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.