Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


6 de febrero de 2011

Cinco.

No me gustan los números, ni las cifras, ni las fechas. Alguien dijo alguna vez que no recordamos nada de eso, que no se nos quedan grabadas en nuestras cabezas por sus dígitos, sino por los momentos que significan. Yo pienso que no se necesita fecha para los momentos, ni para los pasados ni para los futuros. Pero a veces una fecha no está nada mal cuando quieres marcar el principio de algo de una forma más simbólica e importante. Cuando te proponen que un cinco de febrero es un buen momento para empezar a plantearse las cosas de otra manera, y aceptas. Es entonces cuando marcas el comienzo de una historia, cuando no sabes si poner una coma, un punto o comprar una libreta nueva donde seguir escribiendo lo que se avecina. Pero eres feliz y sabes que esa persona va a ser feliz contigo, que vas a cuidarle y te va a cuidar, que estará a tu lado como tú lo estarás al suyo. Y sobre todo que le quieres por encima de todas las cosas.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.