Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


13 de febrero de 2011

Las pirañas que le mordían las ganas de vivir.

No sabía qué le pasaba. Se sentía como si fuese una autómata, pequeña y vulnerable como tantas otras veces. Tenía la sensación de caminar sobre el borde de un precipicio gigantesco, con piedras y enormes picos acabados en puntas afiladas capaces de atravesarla como un palillo atraviesa un trozo de plastilina. Sentía curiosidad por lo que había en el fondo del abismo. Caminaba y se asomaba, y tenía miedo y empezaba a andar en círculos hasta que la curiosidad volvía a vencerle y el aire la empujaba en remolinos como si de una débil pluma se tratase, pero sin llegar a arrojarla por el barranco. Aunque nada de eso le importaba a ella. Se sentía sin vida. Como un zombie. Todo carecía de sentido. Le daba igual. Desgarrarse. Destruirse. Arruinarse. Y volvía a asomar sus ojos curiosos por el acantilado y veía algunas olas rompiéndose en el fondo. Y una voz dulce le decía que saltara, que no le pasaría nada. Ella quería hacerlo. Amaba las olas y su musicalidad. Quería tocarlas, bañarse en ellas, que el agua acariciase su cuerpo y sentise libre. Odiaba estar allí mirando hacia abajo con deseos que se hacían pedazos contra sus miedos. Malditas inseguridades que la dominaban y oprimían. Odiaba sentirse como un robot. Quería escapar. Sus pantalones estaban rotos y ensangrentados de tanto caerse allí arriba del acantilado en ese suelo escarpado y pedregoso, en esas ocasiones en las que andaba sin rumbo y chocaba contra la indiferencia de los demás y caía torpemente al suelo. Le sangraban las rodillas y tenía grapas en sus cicatrices, que cubrían casi todo su cuerpo. Su cerebro la torturaba en la peor cárcel de todas, su cabeza. Era en ese instante en el que comenzaba a analizarse a sí misma y se daba cuenta de que estaba perdida, y lloraba por dentro a la vez que su niña interior hacía un intento vano de luchar contra sus costillas, convirtiendose todo en una agonía mientras se ahogaba. Sentía la necesidad de librarse de aquello. Era tan grande su impotencia y su frustración que no le importaba de qué manera se las ingeniaría para escapar de allí con tal de hacerlo. Soñaba con sobrevolar las nubes y regocijarse en un poco de felicidad. Pero la realidad era que estaba a punto de caer a lo más profundo y oscuro de aquel abismo. Se planteó que quizá la solución fuese dejarse caer, golpearse y sangrar de verdad hasta el punto en el que no sintiera ninguna parte de su cuerpo. Morir flotando en aquellas aguas turbulentas o con un poco de suerte sobrevivir, pero escapar al fin y al cabo de su propio infierno. Ella no podía con todo eso. Con la presión. Luchaba incansable por lo que más quería sin importarle nada más. Luchaba contra el rugido atronador de los que no la entendían y menospreciaban. Porque amaba con locura y ese amor era el que le daba las fuerzas necesarias para seguir luchando, un amor puro que nacía de sí misma, saliendo a borbotones de las espinas que se hallaban incrustadas en su corazón y en lo más profundo de sus entrañas. Intentaba arrancarse aquel dolor y la sangre se acumulaba con fuerza. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos mientras ella se rompía lentamente en su martirio. Y lloraba como jamás había llorado, lloraba con el corazón. Mientras el cerebro aguardaba silencioso el momento de contraatacar y destruir lo poco que quedaba vivo de ella, los sentimientos, que guardaba como el oro bajo grandes caparazones antibalas, y los mismos que tanto daño le estaban haciendo. Entonces los vacíos se comían unos a otros como si se tratase de una lucha entre pirañas, y sentía darse la vuelta dentro de sí misma y esconderse en un huequecito acobardada y silenciosa. Mirando con temor a todos lados. Sintiendo miedo de todas las personas, porque se sentía tan frágil que cualquier cosa le afectaba. Y después de tanta lucha, irremediablemente, se quedaba dormida sobre su cama, medio desnuda y boca abajo, mientras se abrazaba a sí misma y se balanceaba en su triste melancolía. Después, la luz de un nuevo día le devolvía a la realidad, y se tocaba la cara empapada y el pelo alborotado, al tiempo que intentaba erguirse a duras penas. Caminaba varios metros por su habitación tambaleándose mientras se aproximaba a mirar por la ventana, y veía a todas esas personas ajenas a ella, y sólo deseaba que alguien la abrazara y le susurrara que no pasaba nada, porque jamás en la vida volvería a sentirse tan sola. Ni sola ni sin él. Porque era el único capaz de acabar con las pirañas de su interior, esas pirañas que le mordían las ganas de vivir y las engullían con ansias.

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4 comentarios:

  1. Ese abrazo ya llegara..incluido de un susurro diciendo todo a sido un mal sueño,la vida es más bonita de lo que parace aunque algunas veces sea un terreno rocoso y escarpado..solo hay que seguir andando hacia adelante persiguiendo esos buscados rayos de sol. Don´t worry my dear friend :D

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  2. Casi no he podido aguantar las lágrimas en mis ojos al leer esto. Es como ver una parte de mi pasado escrita por otra persona. Has narrado parte de mi vida, de mis sentimientos...
    Lo único que cambia es el lugar y las formas, el acantilado por otras cosas, pero al fin y al cabo los mismos sentimientos.
    Ese amor incondicional que se siente hacia esa persona, esas ganas de levantarte cuando sabes que le tienes, y que cuando se va desaparecen los latidos más fuertes de tu corazón, junto con las ganas de vivir. Y cuesta hasta respirar, cuesta aguantar las lágrimas y debatirse entre los pensamientos y sensaciones más tristes. Cuesta mantenerse en pie, pero sobre todo mirar cualquier rayito de luz que se asome a través de tu ventana. Lo rechazas, sea lo que sea. Tú solo quieres una cosa y hasta que eso no cambie no desearás llenar tus pulmones con el aire más puro.

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  3. Hace dos semanas deambulaba por calles en las que no había estado en mi vida, con sentimientos como los tuyos destrozándome por dentro, con ganas de un abrazo y pensando que la única persona que podía sacarme de aquel agujero ni siquiera sabía que yo estaba metida en él.
    Y sigo andando con el alma manchada de melancolía y empapada de lágrimas.

    Un saludo y una piruleta.

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  4. Dios, me encanta el texto O.O una piruleta y un abrazo! :)

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.