Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


15 de marzo de 2011

Metafóricamente hablando.

Ya lo dijo alguien alguna vez, alguna cosa, y aún la tengo grabada en mi mente. No importa cuánto daño me haga a mí misma con tal de dejar de hacerte daño a ti. No importa. Necesito algo que no puedo conseguir, no es algo normal, no es sano. Repito, no importa. Nada de esto tiene sentido. Ni siquiera yo tengo sentido dentro de todo esto. Cómo saberlo a ciencia cierta. No importa. Da igual. Qué cosas digo algunas veces. O qué cosas pienso. O incluso lo que soy capaz de hacer. No lo entiendo. No debería. Tampoco quiero. Ni siquiera lo necesito. O tal vez sí. A lo mejor todos tengan razón o puede que los equivocados sean el resto. Ni lo sé ni me importa. Yo qué sé. Qué más da. Vale, las circunstancias me superan. Continuo cayendo en picado, ¿si tengo alas por qué no me esfuerzo en volar? No es pronto para decir adiós. Las mentiras son una soga que aprietan cada vez más fuerte y cuando me haya asfixiado, quizá muerta sea feliz.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.