Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


14 de marzo de 2011

Supongamos que todo es mentira.

Sin duda sabía que la caída sería dura. No, dura no, durísima. Pero es lo que toca. Echémosle una tonelada de cinismo al asunto, sonrisas falsas y buenas caras. Que si son los estudios, exámenes suspensos, una mala racha, que si me duelen los ovarios, que hoy he dormido menos, que discutí con Menganito. 
Ella es una persona que nunca se rompe, que nunca está débil, que nunca llora y siempre sabe sobreponerse a las circunstancias. Ella es feliz, claro que lo es. Ella no siente que el mundo se le viene encima, ella nunca comete errores, ella siempre sabe tomar las decisiones acertadas, ella nunca se arrepiente, ella nunca echa de menos, ella nunca quiere hasta que le duele, ella nunca ha sentido compasión, ella no tiene sentimientos. Porque claro, sí, ojalá. Pero cambiemos de tema.

Supongamos que tenemos enfrente un león. Un león feo y terrible. Un león con enormes colmillos y garras. Supongamos que no hay nada que te separe del león, que en cualquier momento puede venir y morderte la yugular, en cualquier momento puede matarte. Supongamos que le miras entre asombrado y aterrado, que no le quitas ojo, que le mantienes la mirada por puro miedo. Supongamos que el león se toma tu mirada como una insinuación, como un desafío. Por suponer supongamos que se enamora de ti. Por último supongamos que no hemos supuesto nada de esto.

Porque sí, porque vale, porque lo reconozco. Que si pone prohibido es lo primero que hago, que si me dicen que no es que sí, que tengo la necesidad de hacer las cosas del revés, que me encanta equivocarme, que voy a contracorriente. Pero... dejémoslo en puntos suspensivos.

1 comentario:

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.