Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


12 de marzo de 2011

Un mundo de pícaras miradas y sonrisas enlatadas.

Le escuché decir que las sonrisas podían enlatarse, sí, como el atún que su madre le echaba a la ensalada. Le oí decir, que los sentimientos los guardaba en cajas de cartón porque absorbían las humedades del corazón y los aislaba del frío. Le escuché decir, que embotellaba las lágrimas para bañar en ellas a sus peces de colores, y que se ponían más brillantes si las lágrimas eran de felicidad. Le oí decir, que los besos de mariposa daban buena suerte, y que tenía los deseos clavados con chinchetas en el corcho de su habitación. Decía, que las miradas pícaras le hacían cosquillas en los pies, y que prefería estar a medio metro sobre el suelo, porque allí estaba la cama, en vez de a tres metros sobre el cielo. Me reveló que a veces hablaba en voz alta para no sentirse sola, y que las paredes sabían mucho más de ella que la mayoría de las personas. También me contó que le encantaba estar siempre de un lado para otro, que de pequeña le decían que parecía que tenía hormigas en el culo, de tanto moverse. Se le escapó, con una tímida sonrisa, que nunca se olvida de los momentos importantes, aunque sean tan buenos que le de tristeza recordarlos, que es una melancólica perdida, y que le encanta darle besos en la frente a la gente que ama con toda su alma, y sólo a esas personas. Porque ella siempre amaba u odiaba con todo su ser, jamás le gustó las cosas hechas a medias, siempre estuvo dispuesta a darlo todo por sus seres queridos, tengan o no su sangre, porque su verdadera familia son las personas que le hacen feliz día a día y nunca le abandonan, tengan sus genes o no. Por eso hoy quiere darle las gracias a su pequeña gran familia, porque le debe todo a ellos, porque son su razón de levantarse cada día con una sonrisa, tener la esperanza de que hará algo emocionante con ellos, estar en la certeza de que están a su lado, y que son lo más grande y lo más bonito que existe, porque ellos son los pilares sobre los que se encuentra su mundo.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.