Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


8 de marzo de 2011

Yo era una cucaracha y me maté sin querer.

Sería algo así como ir a una tienda de mascotas y comprarse el perro más bonito sólo para matarlo. Sí, parecerá una tontería, pero me ha dado por pensar eso. La gente sólo pide explicaciones, continuamente. Que si esto, que si lo otro, que si pitos y que si flautas. Empiezan a poner interrogantes a tus actuaciones y tú sólo observas el rumbo que van tomando sus vidas mientras sigues detenida en el mismo punto y tus sentimientos se fusionan y se destruyen entre ellos. Ardes por dentro, las lágrimas no salen porque se evaporan. Aprietas los puños y continuas mirando, cada vez más impotente, sin darte cuenta de que en realidad la que se aleja eres tú, con los pies quietos y las esperanzas marchitas. Es como tener todo lo que quieres en una jaula y ver que eso se muere poco a poco y lo único que puedes hacer es buscar desesperada la llave de la cárcel que tú misma creaste, ver morir lo que amas, y que una parte de ti se esté regocijando en el resentimiento.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.