Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


5 de abril de 2011

Impotencia, una vez más.

Comenzó a hablar y automáticamente sus ojos se clavaron en ella. Sin dejarla de mirar, haciendo que se aludiera a cada palabra que decía. Tenía un mal día. Se había levantado rara. Y no podía hacer nada para evitarlo ni para hacer que las cosas fueran a mejor, era consciente de eso. Sabía que lo malo no era sentirse rara, sino sentirse rara porque le faltara algo y no saber qué, era una de las cosas que más odiaba. O saber lo que era y no poder hacer nada para que esa cosa llene tu vacío, que es incluso peor. Porque no, no le importaba lo que le estuviera diciendo, por toda la razón del mundo que tuviera, lo que le angustiaba era el nudo que se le empezaba a formar en su garganta conforme más aguantaba las ganas de echar a llorar, por mucho que no quisiera hacerlo. Y al final sucedió lo inevitable, como siempre.

1 comentario:

  1. Ánimos! :)
    Me gustó mucho el escrito porque vaya, me siento identificada, no porque sea de buen gusto leer estas cosas...
    Besos!

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.