Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


5 de abril de 2011

Papaya y almendras.

Veo los días demasiado lejanos. Y cuando llegan todo ocurre tan deprisa que parecen haberse esfumado antes de poder siquiera acariciar la felicidad con la yema de mis dedos. Me queda la sensación triste de que todo fueron meras ilusiones, sueños que descosieron botones, mentiras que ahorcaron corazones. Y me quedo quieta mientras el agua de la ducha me limpia la conciencia, y puedo oír pasos a mi espalda cuando en realidad es el agua colándose por el desagüe. Olor a papaya y almendras que me trae recuerdos, ya olvidé si buenos o malos, pero que siguen ahí escondidos para que no pueda echarlos. Y pensar que yo aún sigo aquí, lanzando miradas fugitivas al destino, poniéndole zancadillas a la suerte, dándole la mano al azar. Con una esperanzadora sonrisa negligente, acompañada de la inercia que me dice que no me vaya de tu lado. Tan ingenua como siempre y queriéndote con las mismas ganas o más.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.