Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


8 de mayo de 2011

Narcolepsia.

Por eso siempre llevaba algo de amoniaco y nectarinas. Y aquel agónico caos esquizofrénico tergiversaba su mundo y su percepción de las cosas. De un modo tan asombroso que no importaban las causas, o quizá las causas importaban más que cualquier otra cosa. Y el zarandeo se debía a su narcolepsia, que la perseguía por los túneles más oscuros de los recuerdos tenues de su infancia. Jugar al escondite era tan divertido cuando se encontraba en ese estado que las nubes se volvían los refugios perfectos, y no había nada que frenase su frenesí ascendente, hasta que volvía a encontrarse tranquila y sumisa mecida por su sonrisa.

Como si pudiera devorar tus miedos con la misma facilidad que mis miedos me devoran a mí, en vez de dejar a nuestros miedos devorarse entre ellos y seguir su ejemplo.
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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.