Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


19 de junio de 2011

Tu ausencia pesa demasiado.

Todo mi cuerpo se convierte en un mecanismo de autodefensa cuando llego al extremo. Salta un resorte y dentro de mí estalla un complejo conjunto de engranajes encargados de buscar una forma de salvarme. No importa el modo que sea, si es efectivo se vuelve válido. Un dolor nuevo, para disimular el dolor verdadero, para pensar menos en esa idea. Parecía que todo estaba conectado y preparado, que pasaría de nuevo, mil veces, mil y una, puede que más. El dolor de barriga parece un chiste si me quedo dormida y mi cerebro despierta, haciéndose él con el poder de masacrar las esperanzas latentes que aún quieren que sonría a base de mentiras del ayer. Y yo me quedo pálida y absorta bajo la tenue sombra que proyectan tus recuerdos en mi mente, como un fotograma de imágenes en blanco y negro, que me apetece volver a colorear con el sol que entra por mi ventana, cuyos rayos ya no iluminan mi túnel. Porque no tiene salida, porque vuelvo a estar donde no quiero, en mi opuesto, y solo seré capaz de salir si retrocedo y te digo que lamento que mis ganas de amarte pasaran desapercibidas entre los escoldos, pero esta herida comienza a escocer de nuevo y tu saliva me puede curar. Y parece que el equipaje de mano se me ha vuelto a perder en uno de esos muchos trenes que un día decidí coger sin motivo, porque ninguno me llevaba a mi destino, y ahora la amnesia me transporta a un estado de lamentable somnolencia y quiero que al despertar vuelvas a estar a mi lado. Que tu ausencia ya pesa demasiado y yo me hundo.


PD: Una entrada que en tiempos borré, y releyéndola ahora me parece un buen momento para hacerse un hueco y ver de nuevo la luz.

1 comentario:

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.