Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


18 de junio de 2011

Déjame ser un poco ingenua.

Y vuelvo a quedarme hablando sola frente a la pantalla del ordenador, con los hombros encogidos y un par de lágrimas retándose para ver quién llega antes hasta mi barbilla. Me había creído las cosas de un mundo que yo misma me había inventado, inocentemente, al pensar que las cosas que imaginaba eran más fáciles de destruir que las que se iban volviendo verdaderas y quizá tangibles. Por eso empezaste a existir solo en mi mente. En ese vertedero con vía de escape hacia el corazón. Con altas probabilidades de metástasis o de provocar un paro cardíaco, o de inundar con lágrimas mis ojeras. Me resultó tan sencillo acostumbrarme a tus cosas buenas y adaptarme a las demás que habría dicho que por momentos encajábamos. Encajábamos dentro de nuestro propio caos. Siempre me gustó. El caos, quiero decir. Tu caos. Es irónico decir que encajen dos caos, pero juraría que así era, me atrevería a decir incluso que eran dos caos completamente distintos unidos por finas sonrisas los días impares y las tardes de domingo, por galletas y caricias, por películas las noches de tormenta y las que no. Y me siento incompleta ahora, y noto insuficiente esta entrada, por omitir tantas cosas necesarias, que deberías saber y prefiero que se me queden taladradas en la cabeza, por ti y por mí, por ahora.
Agacho la cabeza y pienso que no es lo que quiero, pero es lo que me queda.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.