Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


29 de diciembre de 2012

Se llevaron lo que era nuestro, nuestros últimos segundos.

Era evidente que los pulmones acabarían encharcados. Ya no tanto de llorar sino de tragar saliva en lo que tardaba en llegar el siguiente asalto. Era la guerra más dura que había enfrentado conmigo misma. Supongo que era una lucha en la que carecía de aliados y a veces podía llegar a confundir de quién exactamente venían los golpes. Habría podido yo sola. Habría podido desenmascarar las dudas y ponerlas frente a tus narices de tal manera que todo fuese suave como la seda. Quién sabe si no habríamos acabado durmiendo entre incógnitas pero levantándonos abrazados y sonrientes. Aferrados a las manecillas de un reloj que nos empuja a caer en picado, contra el suelo o el uno contra el otro. El paso del tiempo que nos incita a destrozarnos, a recordarnos, a amarnos. Tantas veces deseé que el tic-tac se viera perturbado por el deseo de hacernos felices el uno al otro, que tal contraste por primera vez dejase de estar en mi contra, poder dominar mi propia vida. Poder dejar a un lado el miedo y los errores. Mi respiración intermitente, que tú mismo notabas cuando apoyabas tu cabeza en mi barriga, era la señal de quien está alerta. Me quedaba inmersa en mi propia respiración que parecía hacerse más imperceptible conforme los gritos de mi cabeza iban en aumento. Siempre las mismas preguntas y las mismas respuestas. Los mismos arrepentimientos y la misma impotencia. Las mismas ideas absurdas. La respiración casi no podía oírse. Casi no podía notar que siguiera viva. Supongo que algo muere dentro de nosotros cuando lo habríamos dado todo por detener el tiempo pero éste nos fulmina con su carrera devastadora de los sueños. Qué caro resulta soñar a veces cuando se trata de soñar junto a otra persona.

27 de diciembre de 2012

Inevitable.

Encauzar mi vida aunque sea encajándola contra esa sonrisa que rompo con un beso. Aunque sea a pequeños sorbos, dulces tragos de mentiras. Se digieren fácilmente porque son mentiras suaves. Son mentiras que acaricias y quien ronroneas eres tú. Esa clase de mentiras que te gusta que existan y más aún saber tú misma que lo son. ¿Qué sería de nosotros sin las mentiras? Y sin embargo yo no miento nunca, sólo hago que parezca que no sé cuándo mienten los demás.

26 de diciembre de 2012

Como echar de menos.

Como pasar las páginas de un libro y darte cuenta de que nunca llegas a tu capítulo favorito. Como volver la cabeza mientras te alejas de la persona a la que amas en una de esas despedidas de película en las que parece tan inevitable como predecible que uno de los dos se gire. Como esa tostada con mantequilla que cae boca abajo pero no importa porque nos estamos besando. Como... como... como...
Pero no tenerte aquí.

26 de noviembre de 2012

Avanzar contrarreloj.

Hay verdades que preferimos no asumir nunca, y lo cierto es que todo tiene fecha de caducidad menos las palabras, que se quedan resguardándose en algún rincón de tu cabeza para asomar el día que más llueve. Supongo que el daño hecho y recibido es lo único que no se olvida nunca, todo lo demás se olvida excepto eso. Por eso es mejor partir hacia otro lado, porque no es justo seguir esperando por alguien que en sus entrañas guarda de todo menos amor, y ni siquiera repartiendo el mío habría sido suficiente para ambos. Y a decir de verdad te tenía por alguien que no eras, pero sé que no fue culpa mía. Mi error no fue otro que apostar y creer en alguien que nunca dio por mí tanto como prometía. Pero mi ilusión es que ahora las bifurcaciones son muchas, y me queda mucho por dar, demostrar, soñar. Y habrá días que me tumbe en la hierba mirando a las nubes y recuerde lo feliz que fui contigo, pero sin olvidar que estoy mejor sin ti.

Placebo.

Vuelvo a borrarlo todo, una y otra vez. Ya nunca encuentro las palabras exactas para lo que quiero decir. Sólo son conceptos que revolotean por mi cabeza, que los intento atrapar y aplastar, darle forma, sacar todo esto que me ahoga. No sé por qué, pero empiezo a llorar. Vuelvo a borrar lo anterior. Ya no se me da bien construir diques debajo de mis ojos, en seguida estallan, todo es muy débil, yo soy muy débil. Me pregunto de dónde viene todo esto y mi respuesta es escapar, marcharme. 

Ráptame, o fuguémonos juntos en busca de la libertad. Qué sabrá nadie de lo que yo siento, ni tú, ni yo, pero llévame contigo. Podremos volver a casa si no somos felices, y si lo somos te llamaré Placebo dulcemente mientras te acaricio el pelo y te sonrío. No me hagas caso, eso es algo que nunca te he dicho, pero déjate tratar de inspiración hasta que la segunda lágrima llegue a mi barbilla. Me apetece pensar, ven a calentarme los pies. Podemos irnos a vivir en medio de la naturaleza, a una de esas casitas rústicas con su chimenea, que sabes que me vuelven loca. Te recordaré todos los días que me encanta perderme en el bosque casi tanto como en tus ojos, que incluso a veces los confundo. Me dirás que estoy tarada y me reiré. Te besaré y nos iremos a dormir juntos mientras se apagan las últimas chispas de la chimenea, al mismo tiempo que enmudecen los últimos besos y las caricias se van volviendo más tímidas. Un silencio absoluto que se ve interrumpido por nuestra respiración, acompasada como la de un único ser que late, y late. Pero al día siguiente yo te haré el desayuno, prometo aprender a hacer tortitas, bizcochos, magdalenas y natillas para que ningún 'buenos días' sepa igual que otro. Y con la barriga llena nos iremos a bañar al lago desnudos, nos salpicaremos y te morderé la cara por haber intentado hacerme ahogadillas, que sabes que las odio; acabaríamos haciendo el amor allí mismo, a pesar de los peces que pasan rozando nuestras piernas y acaban espantados, y tendremos como banda sonora el más agradable canto de los pájaros que nos espían. Seguramente no podríamos quedarnos a vivir en el bosque, pero serían unas vacaciones de fin de semana preciosas. No te preocupes si tenemos que volver a la ciudad, nos refugiaremos en nuestra eterna necesidad de amarnos, no se darán cuenta de que existimos, nos tendremos el uno al otro con el riesgo que conlleva. Porque alguien capaz de hacerme cosquillas sin tocarme es imposible que no sea capaz de hacerme feliz. Puede que haga tiempo que no apuesto por nadie tan sólo porque no creo en mí, pero tú me has hecho quererme cuando sentía que no valía nada, y a lo mejor sea mentira pero no me importa. Estoy enamorada de ti. No se lo digas a nadie, pero te quiero con locura. Sin darme cuenta ya vuelvo a delirar... Debes marcharte. Sólo te traeré problemas, corre, lárgate, olvida dónde vivo y mi número de teléfono. Olvida cuando te despertabas y te decía que me había pasado toda la noche soñando contigo. Olvida que te pedí que me raptaras y que podrías hacerme feliz. Nadie es capaz de hacer feliz a otra persona, por eso te llamaba Placebo, aunque nunca fuese cierto. Olvida los motes cariñosos, olvida las veces que nos enfadábamos y me callabas sin palabras. Olvida cuando me sacabas de mis trece, o cuando nos daba igual pasar los dos juntos por debajo de una escalera con tal de no soltarnos de la mano, o cuando poníamos patas arriba tu cocina para que luego las pizzas acabaran boca abajo dentro del horno por culpa de mi torpeza, o cuando me tiraba encima tuya para inmovilizarte y chuparte toda la cara por mucho que te molestara, o cuando nos reíamos hasta que nos dolía la barriga y nos hacíamos los dormidos para poder quedarme toda la noche contigo en tu cama, o cuando... Oh no, he hablado demasiado. Ya nos hemos hecho suficiente daño, pero yo no voy a cansarme nunca de besarte los pies, te lo juro. Te juro que te amo, pero tienes que irte, solos estaremos mejor. Mírame a los ojos, pídeme que me marche. Dime que ya no puedo hacerte feliz, que no soy la misma, que te fallé. No me seques las lágrimas, ni llores tú tampoco. No mires atrás cuando te alejes, ni des media vuelta si te asustas al verme desangrándome en el suelo, otras veces diste tú la puñalada. Déjame que me suicide y te haga cómplice, es mi regalo de despedida. No te guardaré rencor y pensaré en ti todos los días, si es con sonrisas o con lágrimas no importa. Te echaré de menos mientras abrazo a la almohada, mientras entrelazo mis propias manos añorando el calor que me daban las tuyas, mientras miro la aguja del reloj caminar sin descanso clavándose en cada herida y me lamento por los errores que cometí. Yo me habré muerto para que tú vivas siempre dentro de mí.

11 de noviembre de 2012

No debí mezclar tiempos verbales.

Qué gracioso empezar a escribir sobre un tema, y que todo dé un giro tan ambiguo e inesperado que ni siquiera yo misma sepa en cuál de los dos puntos me sitúo en realidad. Supongo que sólo me apetece escribir. Escribir mientras pienso en voz alta y todo se transforma en letras en la pantalla del ordenador.

Qué triste es mirar la vida a veces, con su andar patizambo y circular, su mirada perdida en las losas de un cuarto de baño cuyos alicatados están oxidados. Una vida encerrada que no sabe que lo está, que contempla la misma escena cada día con absoluta seriedad e impasividad. Qué triste no poder escribir sobre algo hasta que se ha acabado. Qué triste aquello que queremos controlar y se nos escapa entre los dedos como de mi boca los suspiros. Qué triste todo y qué triste nada porque debe ser así.

Podría decir que hay personas que tienen una envidiable habilidad para darle la vuelta a la situación y que ellos parezcan los buenos a sus propios ojos. Pero luego cada persona tenemos nuestro propio punto de vista. No podemos olvidar que todos tenemos cinco sentidos que perciben con matices diferentes en función de la persona, ni la parte psicológica en la que juega un importante papel la imaginación, ¿y con todo esto qué pretendo decir? Pues no lo sé. Sólo debo decir que jamás miento y menos aún cuando se trata de sentimientos, cuando se trata de querer a alguien y parece que lo daría todo por eso persona, ¡joder, no lo parece, lo haría! Pero pocas personas están dispuestas a arriesgarse por alguien que lo daría todo por ellas, no todo el mundo cree en los nuevos capítulos del mismo libro. Hay cosas que pueden superarnos, yo no lo niego, pero aquello que decimos como mínimo debemos pensarlo y que se refleje en nuestros actos.

Yo esperé. Esperé cuando las esperanzas eran tan grandes que mañana mismo te imaginaba en mi casa, tumbado en la cama de al lado, mientras te pedía que dejaras caer la mano por el borde del colchón, para entrelazar nuestros dedos, y mirarte ya medio dormido mientras pensaba que seguías siendo igual de precioso, y que estaba enamorada de ti, como si tenerte fuese un regalo que ni siquiera me merezco. Esperé cuando las esperanzas eran casi nulas y sólo veía que me hicieras daño, y pensaba que estar enamorada de ti era una condena que se resumía en una lucha sin sentido. Como si fuese esa polilla que se acerca a la bombilla atraída por su luz y acaba muriendo.

Pero, aparte del dolor que puede sentir alguien que ha puesto todas sus esperanzas e ilusiones, incluso sus sueños, en otra persona que se suponía que era recíproco, y que ahora a la primera de cambio recibe una carta sin remitente en la que dices adiós. Hay algo peor que eso. Que esa persona a la que le has dado todo lo que tenías, tu cariño más sincero, tu apoyo más incondicional, le has contado las cosas más comprometidas, habéis compartido mil momentos increíbles (que siempre creíste que serían más). Cuando esa persona que te conoce mejor que tú misma, piense de ti cosas que jamás te atreverías a hacer o que ni siquiera se te han pasado por la cabeza. Que  te vea como un desconocido cuando sigues siendo la misma. Yo, que tantas veces me perdí en tus ojos con esa impotencia de quererte hacer ver que no había cambiado, que te quería de forma desproporcionada, como había sido siempre. Que seguía siendo esa niña pequeña que a tu lado se hizo grande, y que tú de vez en cuando le sacabas su lado más tierno, más dulce o más picante. Esa niña que era tu niña y que ahora la miras como alguien a quien no conoces, de quien no sabes nada y de quien no quieres saber nada nunca más, cuando yo lo único que intenté siempre fue hacértelo todo más fácil y que me sintieras a tu lado de verdad. Porque te juro que a tu lado era donde quería estar siempre.

1 de octubre de 2012

Despacito pero con buena letra.

La gente habla de finales mientras yo conservo mis principios. No miento. Sonrisas falsas mientras mi cabeza es un campo de minas colocadas estratégicamente para que no pueda escapar. A nadie le importa y yo prefiero que sea así, sin explicaciones, en silencio. Siempre hablo con metáforas pero no siempre hablo de ti. A veces pienso en los "y si" y me encuentro en un callejón sin salida. Retrocedo para seguir hacia delante. He tenido que joderme a mí misma para escapar de tanta mierda y ahora me quedo yo sola conociéndome de nuevo. He roto promesas para poder crecer, para poder creer en mí. Todo es tan hipotético, que este drama sabe dulce por momentos, y no quiero empalagarme con reflejos de ilusiones. Quiero mirar lo suficiente dentro de mí y no encontrar recuerdos. Y quién me entienda ya no importa mientras sepa lo que quiero. He aprendido a curar heridas pero las mías se me resisten. La música me ayuda. No sé qué digo porque le he puesto un bozal a mi niña interior, que gritaba y que mordía mis entrañas. Escuecen las heridas porque lloro pero pronto serán costras. Borradores. Borradores. Borradores. Qué coño hago. Ya no quedan personas de verdad y pienso en una vida a base de mentiras. Las cosas cambian y me empeño en mirar hacia otro lado. Todo son perspectivas y yo lo sé, pero no quiero ser una peonza. Déjame embriagarme, con tu olor. Mundos paralelos donde las despedidas se convierten en reconciliaciones y las lágrimas son de batido de chocolate, y nunca hay lentejas para comer, y hace el frío suficiente como para que me abraces siempre. Calor que derrita este músculo que se congela y me provoca el asfixia.

17 de septiembre de 2012

Creo que perdí una pieza de mi puzzle.

No puedo evitar sostener tus manos entre las mías y romperme a llorar. Miles de emociones recorriendo mi sistema nervioso que desembocan en mis ojos húmedos, mostrando una mezcla de ira e impotencia. La forma más cruel de transportarme desde una felicidad tímida escondida entre biombos de mentiras hasta una realidad fría y dura. Dibujo banalidades en un folio en blanco, mientras inconscientemente evito romper las telarañas de unos recuerdos que me da miedo desenterrar. Todo es tan efímero que hasta una ilusión puede disiparse en milésimas de segundo. Cierro la puerta para dejar abiertas las ventanas que me permitan observar el panorama exterior, pero sigo encerrada en mí misma. Quítate de ahí y deja paso, que ya no eres tan importante ni te mereces más disculpas. Deja de usar un corazón de arcilla para hacer figuras que luego dejas caer al suelo. Porque disfrutas más rompiendo lo que en su día creaste que disfrutándolo como algo que te pertenece. Será verdad eso que dicen que todo lo que poseemos acaba poseyéndonos y de tanto quererte dejé de ser mía, me volví irreconocible. Me di cuenta de que por dentro seguías siendo esa persona oscura que en su día creí iluminar, y ahora eres el causante de mis ojeras y mi insomnio. Quiero salir de estas arenas movedizas y nadie me tira una cuerda para ayudarme, dicen que estoy demasiado loca.

10 de septiembre de 2012

Nota de suicidio II

Llevo tanto tiempo sintiendo un vacío enorme dentro de mí que ya me estoy planteando amueblarlo, ponerle algunos cuadros o un jarrón con flores para que quede algo más bonito, decorarlo un poco nada más. Y al rincón de pensar, ya que estamos renovando, pintar de colores más alegres las grises paredes y añadirles un par de frases profundas para ayudarme a orientar mis pensamientos negativos y autodestructivos hacia otros más optimistas. Nunca me imaginé en esta situación. Miro mis manos y no encuentro ningún saliente al que aferrarme para no caer en picado. Quiero pensar que soy fuerte y que podré con esto sea cual sea el desenlace. Cierro los ojos y me veo inmersa en una calma tan apacible que quisiera no salir de ahí nunca, estiro mi cuerpo como si intentase alcanzarte y milagrosamente te toco, miro en tu dirección y te veo tumbado a mi lado con tus preciosos ojos hablándome en un idioma en el que sólo existen palabras bonitas, palabras que te abrazan y espantan a la soledad. Puedo acariciar tu cuerpo, con la yema de mis dedos o con mis propios labios, y regodearme entre tus aromas, texturas y sabores. Puedo hacer cualquier cosa, porque todo es fruto de mi imaginación. No tardo en abrir los ojos y en chocar de bruces contra la realidad, me doy cuenta de cómo poco a poco todos mis errores me están pasando factura, tantos errores con una misma persona que se merece todo lo mejor. Lo mejor. Me retumba en mi cabeza el hecho de no haber sido lo suficientemente buena, de no haberte tratado lo mejor que sabía. Me quedo desorientada y vagando entre las cosas que me gustaría hacer y las cosas que podrían pasar y mi mente me obliga a quedarme a la expectativa. No puedo evitar buscarte en los recuerdos de un futuro que parecía perfecto, cuando todo iba a pedir de boca, como yo digo, cuando éramos uña y carne. Me duele saber que todo ha sido culpa mía; que mis celos y mis inseguridades no sólo acabaron conmigo, sino también contigo. Me arrepiento de las cosas que hice para llamar tu atención pero si supieras cómo me sentía en cada momento me entenderías al menos un poquito. El problema es que no te imaginas lo que te quiero y lo que estoy dispuesta a mejorar y a demostrarte para que vaya bien. No sabes que aún cuando estás a mi lado te noto demasiado lejos, y mi garganta se hace un nudo tan fuerte que solamente tú podrías desatar. Intento no agobiarte para que sea más fácil todo, intento no centrarme en las cosas que quizás te diga la gente para alejarte de mí, intento simplemente confiar en ti y en que todo irá bien. Todavía tu sonrisa me hace olvidarme de todos mis problemas y no voy a darme por vencida en ser yo quien te haga sonreír, porque cuando te dije que sólo me bastaba con verte sonreír me equivocaba, sólo me basta con hacerte sonreír. Porque te quiero.

7 de septiembre de 2012

Nota de suicidio I

Mis manos tiemblan, el reloj ya no hace tic-tac y mi corazón se ha quedado colapsado de sentimientos que me encantaría poder describir pero no soy capaz. Porque describir lo que siento conlleva analizarlo y me da miedo tener que hacerme preguntas que no me creo lo suficientemente valiente para poder responder. Me imagino mis pies chapoteando en la playa, rodeada de un silencio tan absoluto que parece que quiere decirme algo y yo lo ignoro. Ignoro mi soledad, mi falta de autoestima. Ignoro mi propia existencia y la de los demás. Me concentro en el chapoteo de mis pies en la orilla, en el ir y venir de unas olas que me recuerdan a ti más de lo que deberían. Pienso en lo sencillo que podría ser todo si no rondases mi cabeza para llenarla de dudas, o simplemente si no hubiese mil cosas que me recuerden a tus ojos, o a tus manos, o a tu piel. Debo reconocer que nunca hice las cosas bien. Sigo chapoteando aunque ahora me centro en ver mis lágrimas caer y mezclarse con el mar. Me imagino que yo soy una de esas pequeñas gotas y tú eres el inmenso mar que me absorbe y del que me resulta tan difícil salir, porque ya me considero una parte de él. Sé lo que quiero y me resulta tan complicado afrontarlo como dejarlo a un lado. Me encantaría verte sonreír ahora mismo, me conformaría con ver reflejada tu sonrisa en el agua y sé que no es posible. Me esfuerzo en poner mi mente en blanco para fijarme en el atardecer y desearía que anocheciera de golpe para tener la Luna frente a mí contándome mentiras. La Luna siempre me cuenta mentiras preciosas, me encanta oírla una y otra vez; supongo que me pasa igual que contigo. Recuerdo lo mucho que deseaba hacerte el amor en la playa, y por un momento la imagen de nuestros cuerpos desnudos se queda proyectada en mi mente. Miro a todos lados para asegurarme de que sigo sola, como si alguien más hubiese visto lo mismo que yo. Como si fueras capaz por un momento de meterte dentro de esta cabecita para sólo así darte cuenta de todo lo que haces y consigues. Noto el agua cada vez más fría y el temblor de mis manos se transpasa a todo mi cuerpo, que respira por inercia. Acabo tumbada en la playa, inventando la canción perfecta para nuestra despedida, con una mirada vidriosa que nunca más querrías volver a ver.

6 de julio de 2012

Espero que tú tampoco me entiendas.

Voy escarbando como un escarabajo pelotero en mi propia mierda. Hago bolitas con las que construyo pirámides. Algunas me quedan bonitas para estar hechas con tanto odio. No sé por qué he dicho esto si en verdad pensaba decir que me estoy aficionando a buscar dentro de la gente. La mayoría de las veces no sé qué busco pero siempre encuentro cosas interesantes como deseos o miedos. Me pongo a pensar en mis deseos y mis miedos y me siento vacía, pero no vacía de cuando se llevan algo, sino de cuando llegas a plantearte si alguna vez hubo algo. Tan caliente por fuera y tan fría por dentro. Ahora me preocupa el resto de la gente y el hecho de que no tenga nada que perder, porque más de una vez me dije que llegada a este punto no me importaría destrozarme la vida, será que he madurado y creo que con esa actitud no conseguiría nada. Estoy deseando volver a teñirme y quizás cortarme el pelo aunque no mucho, y he adelgazado un poco. No sé si es bueno o malo porque en el fondo lo del peso me dejó de preocupar hace unos meses cuando me empecé a ver algo mejor. Pensaba que hoy iba a ser un día agradable y ha sido el peor de la semana. La catástrofe sólo duró escasos cinco minutos, pero tuvo un efecto fulminante que hasta a mí me ha sorprendido. Es como un tsunami que de pronto llega y arrasa con todas tus excusas y pretextos para no volver, por lo que me pregunto lo que pierdo y lo que gano por millonésima vez y la balanza se rompe por ambos lados. En el fondo sé que no es posible pero en mi cabeza escucho cómo se parte a la mitad. Debería existir una metadona especial para este tipo de cosas, que te la tomaras o inyectaras y se anulase la capacidad de echar de menos. Se me han pasado tantas cosas por la cabeza estos días, ha sonado la puerta y fuera la hora que fuera en mi cabeza saltaba el resorte que me decía que podías ser tú, y nunca eras. Para ser yo la que he tomado la decisión me está costando la vida no dar pasos en falso y arruinarlo todo. Menos mal que tú me ayudas a odiarte a ratitos y en esos momentos de odio es cuando más me crezco y puedo flotar un poquito. Ojalá lograras hacer que te odiase del todo y poder decir que te has ido a la mierda para siempre y no voy a ser yo la que te rescate de allí. Pienso que eres un cabrón y un manipulador, aunque eso ya te lo he dicho muchas veces, y aunque ahora me apetece abrazarte tampoco me importaría hundir mi rodilla en tus testículos, pero todo esto amistosamente y con una sonrisa. Pienso que si ya hay detalles mínimos que me están jodiendo no me quiero ni imaginar lo que me espera. Pero creo que ser una capulla se me puede dar bien, aunque no sea una lucha agradable, sobre todo porque pienso que sigo enamorada de ti, vamos, estoy casi convencidísima de que te amo con locura y a lo mejor esto es una gilipollez. Pero tú me avisaste y aún así decidí arriesgarme así que voy a intentar disfrutar de mi ansiada libertad. Si no me llena nadie y vuelvo a tus brazos como una cría desdichada espero que me des una patada en el culo como me merezco para que aprenda, y si vuelvo a ir que al menos me des un abrazo. Joder, necesito un puto abrazo tuyo y mirarte a los ojos aunque no fuera capaz de decirte nada, ni siquiera llamarte gilipollas. Estoy extremista hoy, y bueno que te quiero, o te amo, pero me da igual, y que soy idiota ya lo sé, y que no me da nada tan igual y tú tampoco y no sé, te deseo lo mejor, y en un arrebato de debilidad voy concretar: te deseo lo mejor pero sin otra.

3 de junio de 2012

Involución.

La vida pasa extraña, como frenesís absurdos de experiencias ya vividas. A veces pienso que debería irme y volver cuando fuera alguien que merezca la pena. Me pongo a imaginar historias y acabo centrándome en reencuentros que recaen en crisis emocionales. Tienes razón cuando afirmas que soy débil, pero porque la marea me lleva y no sé nadar bien. Estoy aprendiendo y olvidando, continuamente sustituyendo. Quería alguien que me supiera acariciar y tú sabías hacerlo hasta en tus sueños, y yo me moría por volverme abstracta y entrar en tu mente en esos momentos que estabas con la guardia baja. Analizo tu talón de Aquiles como si en vez de tus muletas quisiera ser una patada en tu espinilla. Me besas con los ojos cerrados y yo aprieto los puños, acabamos serios y nuestro corazón se hace más duro. Ya no rebotaría si cayera al suelo, sino que sonaría a cristal opaco desquiciado y hecho añicos. Pensábamos que habíamos llegado al final y siempre nos esforzábamos en encontrar la forma de dar un paso más. Unas veces odiando y otras amando, unas veces follando y otras haciendo el amor. Me meto en la cama y me arropo por si a las sábanas les da por parecerse a tus manos y me hacen un poco de cosquillas, y tengo un sueño bonito esta noche que ya estoy cansada de pesadillas en las que nunca pasa nada.

8 de marzo de 2012

Ojalá haya vida después de la muerte.

Y te das cuenta de que no buscas trocitos de carne, sino de cartón, porque las mentiras no estaban tatuadas sino escritas, y si dormíamos dejábamos de poderlas ver o mejor dicho a ver otras completamente distintas. Cada vez estoy más convencida de que nuestra mente es un placebo, que nos hace ver espejismos, realidades a medias, que nos encanta para luego desencantarnos y hacernos ver que la verdad no es esa sino la que nosotros creemos (o creamos), no la que nos dicen o lo que leemos.
Por eso yo leía, en esos trocitos de cartón, y no encontraba tu verdad sino otra, la que yo misma creía estar viendo, cuando lo que en verdad veía era mi propia ilusión, proyectada por mi mente. Interpretaciones falsas, porque no existe.
Espero que vosotros también os deis cuenta de que no existís, antes de estar muertos.

13 de enero de 2012

Menos es nada.

Supongo que echaba de menos que me hicieran daño, y menos de una forma tan sutil; casi tanto como mi forma de mentir justo después.

7 de enero de 2012

Podéis llamarme cobarde.

Y resultó que el flotador se hundía y no aguantaba tantas ganas, como si perdiera la consciencia. Me miró como pidiéndome permiso y su mirada estrábica me distrajo. Ni siquiera asentí, ya se había sentado. Me quedé como una estatua, inmóvil en medio de la habitación, rodeada de nada y al mismo tiempo estorbando. Mi mente empezó a gritar, impidiéndome pensar. En ese momento podría habérselo agradecido, pero viene ahora, cobijada bajo matices de banalidades, la gran pregunta. La misma pregunta. De siempre.
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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.