Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


13 de enero de 2012

Menos es nada.

Supongo que echaba de menos que me hicieran daño, y menos de una forma tan sutil; casi tanto como mi forma de mentir justo después.

7 de enero de 2012

Podéis llamarme cobarde.

Y resultó que el flotador se hundía y no aguantaba tantas ganas, como si perdiera la consciencia. Me miró como pidiéndome permiso y su mirada estrábica me distrajo. Ni siquiera asentí, ya se había sentado. Me quedé como una estatua, inmóvil en medio de la habitación, rodeada de nada y al mismo tiempo estorbando. Mi mente empezó a gritar, impidiéndome pensar. En ese momento podría habérselo agradecido, pero viene ahora, cobijada bajo matices de banalidades, la gran pregunta. La misma pregunta. De siempre.
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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.