Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


6 de julio de 2012

Espero que tú tampoco me entiendas.

Voy escarbando como un escarabajo pelotero en mi propia mierda. Hago bolitas con las que construyo pirámides. Algunas me quedan bonitas para estar hechas con tanto odio. No sé por qué he dicho esto si en verdad pensaba decir que me estoy aficionando a buscar dentro de la gente. La mayoría de las veces no sé qué busco pero siempre encuentro cosas interesantes como deseos o miedos. Me pongo a pensar en mis deseos y mis miedos y me siento vacía, pero no vacía de cuando se llevan algo, sino de cuando llegas a plantearte si alguna vez hubo algo. Tan caliente por fuera y tan fría por dentro. Ahora me preocupa el resto de la gente y el hecho de que no tenga nada que perder, porque más de una vez me dije que llegada a este punto no me importaría destrozarme la vida, será que he madurado y creo que con esa actitud no conseguiría nada. Estoy deseando volver a teñirme y quizás cortarme el pelo aunque no mucho, y he adelgazado un poco. No sé si es bueno o malo porque en el fondo lo del peso me dejó de preocupar hace unos meses cuando me empecé a ver algo mejor. Pensaba que hoy iba a ser un día agradable y ha sido el peor de la semana. La catástrofe sólo duró escasos cinco minutos, pero tuvo un efecto fulminante que hasta a mí me ha sorprendido. Es como un tsunami que de pronto llega y arrasa con todas tus excusas y pretextos para no volver, por lo que me pregunto lo que pierdo y lo que gano por millonésima vez y la balanza se rompe por ambos lados. En el fondo sé que no es posible pero en mi cabeza escucho cómo se parte a la mitad. Debería existir una metadona especial para este tipo de cosas, que te la tomaras o inyectaras y se anulase la capacidad de echar de menos. Se me han pasado tantas cosas por la cabeza estos días, ha sonado la puerta y fuera la hora que fuera en mi cabeza saltaba el resorte que me decía que podías ser tú, y nunca eras. Para ser yo la que he tomado la decisión me está costando la vida no dar pasos en falso y arruinarlo todo. Menos mal que tú me ayudas a odiarte a ratitos y en esos momentos de odio es cuando más me crezco y puedo flotar un poquito. Ojalá lograras hacer que te odiase del todo y poder decir que te has ido a la mierda para siempre y no voy a ser yo la que te rescate de allí. Pienso que eres un cabrón y un manipulador, aunque eso ya te lo he dicho muchas veces, y aunque ahora me apetece abrazarte tampoco me importaría hundir mi rodilla en tus testículos, pero todo esto amistosamente y con una sonrisa. Pienso que si ya hay detalles mínimos que me están jodiendo no me quiero ni imaginar lo que me espera. Pero creo que ser una capulla se me puede dar bien, aunque no sea una lucha agradable, sobre todo porque pienso que sigo enamorada de ti, vamos, estoy casi convencidísima de que te amo con locura y a lo mejor esto es una gilipollez. Pero tú me avisaste y aún así decidí arriesgarme así que voy a intentar disfrutar de mi ansiada libertad. Si no me llena nadie y vuelvo a tus brazos como una cría desdichada espero que me des una patada en el culo como me merezco para que aprenda, y si vuelvo a ir que al menos me des un abrazo. Joder, necesito un puto abrazo tuyo y mirarte a los ojos aunque no fuera capaz de decirte nada, ni siquiera llamarte gilipollas. Estoy extremista hoy, y bueno que te quiero, o te amo, pero me da igual, y que soy idiota ya lo sé, y que no me da nada tan igual y tú tampoco y no sé, te deseo lo mejor, y en un arrebato de debilidad voy concretar: te deseo lo mejor pero sin otra.
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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.