Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


7 de septiembre de 2012

Nota de suicidio I

Mis manos tiemblan, el reloj ya no hace tic-tac y mi corazón se ha quedado colapsado de sentimientos que me encantaría poder describir pero no soy capaz. Porque describir lo que siento conlleva analizarlo y me da miedo tener que hacerme preguntas que no me creo lo suficientemente valiente para poder responder. Me imagino mis pies chapoteando en la playa, rodeada de un silencio tan absoluto que parece que quiere decirme algo y yo lo ignoro. Ignoro mi soledad, mi falta de autoestima. Ignoro mi propia existencia y la de los demás. Me concentro en el chapoteo de mis pies en la orilla, en el ir y venir de unas olas que me recuerdan a ti más de lo que deberían. Pienso en lo sencillo que podría ser todo si no rondases mi cabeza para llenarla de dudas, o simplemente si no hubiese mil cosas que me recuerden a tus ojos, o a tus manos, o a tu piel. Debo reconocer que nunca hice las cosas bien. Sigo chapoteando aunque ahora me centro en ver mis lágrimas caer y mezclarse con el mar. Me imagino que yo soy una de esas pequeñas gotas y tú eres el inmenso mar que me absorbe y del que me resulta tan difícil salir, porque ya me considero una parte de él. Sé lo que quiero y me resulta tan complicado afrontarlo como dejarlo a un lado. Me encantaría verte sonreír ahora mismo, me conformaría con ver reflejada tu sonrisa en el agua y sé que no es posible. Me esfuerzo en poner mi mente en blanco para fijarme en el atardecer y desearía que anocheciera de golpe para tener la Luna frente a mí contándome mentiras. La Luna siempre me cuenta mentiras preciosas, me encanta oírla una y otra vez; supongo que me pasa igual que contigo. Recuerdo lo mucho que deseaba hacerte el amor en la playa, y por un momento la imagen de nuestros cuerpos desnudos se queda proyectada en mi mente. Miro a todos lados para asegurarme de que sigo sola, como si alguien más hubiese visto lo mismo que yo. Como si fueras capaz por un momento de meterte dentro de esta cabecita para sólo así darte cuenta de todo lo que haces y consigues. Noto el agua cada vez más fría y el temblor de mis manos se transpasa a todo mi cuerpo, que respira por inercia. Acabo tumbada en la playa, inventando la canción perfecta para nuestra despedida, con una mirada vidriosa que nunca más querrías volver a ver.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.