Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


1 de octubre de 2012

Despacito pero con buena letra.

La gente habla de finales mientras yo conservo mis principios. No miento. Sonrisas falsas mientras mi cabeza es un campo de minas colocadas estratégicamente para que no pueda escapar. A nadie le importa y yo prefiero que sea así, sin explicaciones, en silencio. Siempre hablo con metáforas pero no siempre hablo de ti. A veces pienso en los "y si" y me encuentro en un callejón sin salida. Retrocedo para seguir hacia delante. He tenido que joderme a mí misma para escapar de tanta mierda y ahora me quedo yo sola conociéndome de nuevo. He roto promesas para poder crecer, para poder creer en mí. Todo es tan hipotético, que este drama sabe dulce por momentos, y no quiero empalagarme con reflejos de ilusiones. Quiero mirar lo suficiente dentro de mí y no encontrar recuerdos. Y quién me entienda ya no importa mientras sepa lo que quiero. He aprendido a curar heridas pero las mías se me resisten. La música me ayuda. No sé qué digo porque le he puesto un bozal a mi niña interior, que gritaba y que mordía mis entrañas. Escuecen las heridas porque lloro pero pronto serán costras. Borradores. Borradores. Borradores. Qué coño hago. Ya no quedan personas de verdad y pienso en una vida a base de mentiras. Las cosas cambian y me empeño en mirar hacia otro lado. Todo son perspectivas y yo lo sé, pero no quiero ser una peonza. Déjame embriagarme, con tu olor. Mundos paralelos donde las despedidas se convierten en reconciliaciones y las lágrimas son de batido de chocolate, y nunca hay lentejas para comer, y hace el frío suficiente como para que me abraces siempre. Calor que derrita este músculo que se congela y me provoca el asfixia.

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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.