Bienvenidos a mi rincón secreto (o no tan secreto), el lugar donde mezclo pomelo con caramelo, y añado varios cubitos de hielo. Para que lo ácido sea algo más dulce, y el frío haga todo un poco más a mi manera. El resto de mis sentimientos se encuentran guardados en las cajas de zapatos, debajo de mi cama, pero no se lo contéis a nadie.


14 de abril de 2013

Siempre pensaré en ti cuando me sienta incompleta.

Hoy me he puesto por primera vez desde el año pasado el vestido azul que tanto te gustaba, ese tan corto con encaje en los bordes, el de la parte del escote plisada y con botones. Me sentía más bonita con él cuando sabía que tú vendrías y que acabaría tirado en un rincón de mi cuarto.

Debo contarte que se ha convertido en un sentimiento habitual la soledad, que nos acompaña a mí y a mis ganas de abandonarlo todo. Y mi rincón de pensar se ha convertido en mi rincón de llorar. Echo de menos sentirme cómoda, feliz, rodeada de gente que valora las cosas que hago bien. Es agotador reír cuando sólo tienes ganas de llorar, que en los momentos de debilidad no haya nadie para entenderte y abrazarte, para decir que todo saldrá bien.

He perdido el rumbo más que nunca. Quiero seguir hacia adelante, pero no sé dónde está la salida. Pierdo el sentido cada vez que pienso en las personas que se fueron aún siendo lo que más me importaban. Me enfrento a cualquiera que no cree en la eternidad. Porque a quien quieres no se le abandona, nunca. A quien quieres no dejas que se vaya. El amor debería ser más fuerte que cualquier otra cosa. Sólo una cosa existe que sea más fuerte que el amor y se llama muerte. Es imposible luchar contra eso, la muerte mata a la persona que amas, se la lleva, pero la muerte no se lleva todo lo que sientes. Eso permanece, y mientras ese sentimiento siga vivo, la muerte no será capaz de vencer al amor. Sólo acaba con aquello que podría haber sido eterno, pero respecto a lo demás, si dos personas quieren que algo perdure... perdurará.

Pero de qué sirve, necesitar digo. Cuando tú ni siquiera sabrás todo lo que te llegué a querer. Pienso en todo lo que daría por volver un tiempo atrás. Un día cualquiera, a la maravillosa rutina de hundir mi cabeza en tu pecho y observarte poro a poro. Acariciarte el pelo, las manos, los labios. He de decir que las cosas simples son las que más echo de menos, y que tus manos son las más bonitas que he visto nunca. Me encantaba que entrelazáramos nuestros dedos, cuando ocurría me era inevitable pensar que encajábamos como las piezas de un puzzle perfecto.

Es horrible pensar en todas las cosas que no volverán a ocurrir, pero lo que más me mata es saber que lo habría dado todo para que fuésemos felices, juntos. Merecías la pena, sobre todo porque eras el motivo de mi sonrisa diaria, de mi fuerza, de mis ganas, de mi valentía. Eras mis alas.

Supongo que te he querido más de lo que un corazón podía soportar, por eso se rompió. Ya no cabías dentro. Pero el tiempo pasaba y preferías alimentarte de mis lágrimas más amargas, antes que de mis sonrisas más dulces... Querías verme morir junto a ti, mientras tú seguías vivo. Y a día de hoy juro que nada me hace sentir viva, que he llegado a pensar que sin ti no me necesito. Pero me queda el consuelo de decirte que fuiste mi primer amor, y ya sabes lo que dicen de los primeros amores, que nunca se olvidan y yo jamás voy a olvidarte.



17 de enero de 2013

Es lo que me queda.

Toqué fondo y la única salida era quedarme allí dormida. No estaba tu espalda para escalar por ella, apoyándome en tus manos por la pendiente escarpada. Tenía demasiadas heridas como para intentarlo, se hacían unas nuevas mientras se abrían otras. Demasiada pus supurando de golpe. Todo estaba podrido e infectado por dentro. Buscaba ayuda en unos ojos que no querían mirar los míos, para curarme. Quería escucharme en voz alta, desnudarme con palabras de sinceridad. Pero la escarpada atrapaba mis voces con sus bordes cortantes. Sólo quería dormir. No quería despertar y no verte, ni verme a mí tan demacrada por culpa de ilusiones sin sentido, de sentimientos que eran mentira, de cinismo en tu sonrisa. Ni siquiera tu sonrisa era mía aunque te saliera estando conmigo. No quiero nada que contenga mentiras. Por eso es mejor que me vaya. Estoy agotada emocionalmente y no me sale escribir más...
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Las personas estamos condenadas a ser libres, porque una vez que estamos en este mundo somos responsables de todo lo que hacemos. No importa que nos amen o nos critiquen, que nos respeten, nos honren o nos difamen, que nos coronen o nos crucifiquen, porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.